Estado de necesidad

| XAQUÍN ÁLVAREZ CORBACHO |

OPINIÓN

15 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

PARA DEVOLVER a los mayores algo de lo mucho que nos dieron. Para no seguir explotando y ofendiendo a la mujer. Para evitar o reducir la resignación, el lamento y la limosna. Para dar algún sentido al sentido común. Para no dañar las numerosas conquistas sociales asentadas en sacrificios eternos. Para taponar las distancias recurrentes con la estadística europea. Para que el espíritu mercantil no monopolice la cabeza del gobernante. Para que la negligencia y el calor no maten ancianos. Para que los políticos no presuman sino corrijan los déficit sustantivos. Para defender la dignidad del discapacitado. Para que no se deteriore la educación laica y las culturas múltiples. Para que la familia no soporte lo insoportable. Para entender que los impuestos y su justa distribución son pilares de la convivencia civilizada. Para indignarse con el fraude fiscal y la economía sumergida. Para comprender que mercado y sector público son sólo instrumentos al servicio de las personas. Para desterrar el dogma, la arrogancia y la descalificación permanente. Para fortalecer la tolerancia y la inmensa riqueza de la diversidad. Para que de una puñetera vez el niño o la niña de treinta y ocho años se case y disponga de vivienda propia. Para barrer la basura que tantas veces impregna al contrato laboral. Para que la igualdad, la capacidad y el mérito dejen de ser principios retóricos y regulen en serio el acceso a la función pública. Para que el beneficio y la capacidad de competir no se cimienten con salarios de hierro. Para que la rabia sea infinita cuando la información suministrada por las instituciones y medios públicos de comunicación es manipulada y apropiada hasta el infinito. Para que los partidos políticos abandonen su egocentrismo y reflexionen sobre su misma mismidad. Para que el dedo del señor no dañe el ojo ajeno ni añore el tiempo feudal. Para que el votante sancione la mentira y la frivolidad política. Porque la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés. Para que la subvención no sea obsesión de alcalde y el gasto farmacéutico pesadilla común o negocio indescifrable. Para que los partidos de la oposición consigan la alternancia a pulso y por méritos propios. Para que el gasto social abandone el farolillo rojo de todas las clasificaciones. Para que la lealtad presida las relaciones institucionales y la multilateralidad las acciones internacionales. Para que no triunfe la desafección o el conflicto predecible. Para que todos estos problemas no agoten la paciencia que es siempre ciencia de la paz. Para analizarlos. Para debatirlos. Para contrastarlos. Para desarrollar sus potencias y matices. Para que los gobernantes aprendan que un mundo mejor es posible. Por eso. Y por mucho más.