¿Y si no gobierna Simancas?

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

17 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI RAFAEL SIMANCAS no gobierna la Comunidad de Madrid después de las elecciones del 26 de octubre en esa comunidad, habrá fracasado la democracia. Esto es, al menos, lo que se colige de su tajante afirmación de que ese día estará en juego la «credibilidad del propio sistema democrático». Tras la excitante obra teatral que se ha vivido en la Asamblea de Madrid con la actitud de los diputados socialistas Tamayo y Sáez y el papelón de la comisión de investigación, todo un sainete madrileño trágico-grotesco digno del mejor Arniches, nos faltaba esto. La verdad es que el señor Simancas se está poniendo épico con tanta frase histórica. Primero fue aquélla de que la trastada de sus dos diputados era «el mayor golpe de Estado que se había dado en España después del 23-F», y ahora ésta de la democracia soy yo . No es para tanto. Ni hubo golpe de Estado en mayo ni la democracia está en juego en otoño si Simancas es al final el jefe de la oposición en la Comunidad de Madrid. Los madrileños aspiran, como casi todos los ciudadanos, a que en las listas de los partidos vaya gente honrada y capaz, a que la formación del gobierno regional sea lo más fiel posible al resultado de las urnas, a que el que quede tercero no mande más que el segundo, a que no se mantenga una vivienda de protección oficial si se tienen cuatro más en propiedad, dos apartamentos, dos chalés y ocho plazas de garaje, y a que los ayuntamientos, los partidos políticos y los intermediarios no hagan tanto negocio con la recalificación del suelo, poniendo las viviendas sólo al alcance de los Luis Suárez de turno y en la meta imposible de nuestros jóvenes y menos jóvenes. Ahora que las autonómicas de Madrid se han convertido en un mercado ambulante en el que se ofrecen toda clase de bienes y servicios sin límites presupuestarios ni pudor, no es pedir mucho. Si no es así y todo sigue igual, efectivamente los ciudadanos continuarán alejándose de los políticos y nuestra democracia será de peor calidad que la que se lleva por otros pagos. La fórmula es sencilla, pero muchos militantes de la cosa pública tienden a oscurecerlo todo para que no se entienda. O para que se entienda demasiado.