EL INCANSABLE magistrado Baltasar Garzón parece dispuesto a procesar a medio mundo. Por si no fuera bastante con los batasunos y etarras en general, procesa a Pinochet, a las juntas militares argentinas, a narcotraficantes y ahora nada menos que a Bin Laden junto con una treintena de presuntos terroristas de su grupo entre los que incluye a Taysir Alony, un sirio nacionalizado español tras su casamiento con una ceutí. Pero más allá de la incertidumbre acerca de si la busca y captura de Bin Laden ordenada por Garzón pueda resultar más eficaz que las de la CIA, el FBI, la Navy y todos los servicios secretos occidentales juntos, el caso de Taysir es especialmente delicado por dos aspectos: ser un importante periodista de Al Yazira, que incluso logró una entrevista con el famoso terrorista saudí, con toda la problemática que ello supone desde el punto de vista de los límites de la libertad de prensa, y, en particular, su posible utilización como coartada de otras actividades. Y el estar vinculado, según parece, al movimiento neomorisco granadino, con sus crecientes reclamaciones y formulaciones sobre cultura, costumbres, e incluso el derecho a usar la lengua árabe como propia. Movimiento que no estaría de más observar con cierta cautela por lo que pueda pasar. En efecto, por si no tuviéramos bastante con el foco terrorista de las Vascongadas, en donde la violencia tiene algún apoyo entre ciertos grupos sociales fanáticos, ahora sólo nos falta que también el antiguo reino nazarí, que no cabe duda que también sería una nacionalidad histórica con, por lo menos, los mismos títulos que los vascos, se convierta en otro foco de subversión terrorista internacional.