George Bush se inquieta

OPINIÓN

21 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

A BUSH LE GUSTA lo que le cuentan sus consejeros, pero no lo que dicen las encuestas. Se queda feliz después de escuchar, por boca del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, que las cosas van mucho mejor en Irak. Pero se desasosiega cuando advierte que los ciudadanos, lejos de percibirlo así, empiezan a sostener opiniones críticas que lo sitúan en una popularidad a la baja. Para colmo, la mejora de la economía, que ofrece unos índices de crecimiento favorables, no está llegando acompañada por la creación de empleo. Y el déficit presupuestario, que no ha hecho más que aumentar, es objeto de un intenso debate, que probablemente continuará los próximos catorce meses, para ocupar el núcleo de la precampaña electoral del 2004. Así de complicadas se le presentan las cosas al actual inquilino de la Casa Blanca. No estamos ante un líder abandonado por la opinión pública, pero sí ante un presidente que tuvo horas mejores. El empantanamiento en Irak, sin una idea clara del horizonte que se persigue, está causando estragos. El general retirado Wesley Clark, que fue comandante en jefe de la OTAN durante la guerra de Kosovo y que acaba de saltar a la arena de las primarias demócratas, ha sido concluyente: «Los norteamericanos fueron arrastrados al conflicto con falsos pretextos, y Bush tiene que dar explicaciones a los ciudadanos». Según él, EE.?UU. tiene que ganar en Irak para demostrar que puede resolver conflictos, pero lo cierto es que «todo este asunto ha sido un error estratégico». Por si éramos pocos, también ha hecho su aparición en escena el que fue inspector jefe de armas de la ONU, Hans Blix, para manifestar que, según piensa ahora (¿por qué no lo pensó antes?), Irak desmanteló sus armas de destrucción masiva hace doce años (en 1991) y las agencias de inteligencia se equivocaron en sus evaluaciones. Menos mal que el canciller alemán, Gerhard Schröder, ha aparecido con árnica y ha ofrecido su ayuda para reconstruir Irak. «Debemos mirar hacia el futuro y trabajar juntos para ganar la paz», escribió en The New York Times . Y Bush empezó a mirarlo como a un viejo amigo.., aunque sin dejar de escuchar a sus queridos halcones.