TENÍA RAZÓN Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, cuando, con la mirada puesta en Corea del Norte, aseguró que Estados Unidos podía librar dos guerras al mismo tiempo. Lo que no dijo entonces, quizá porque la idea aún no había entrado en su dura mollera, era que su poderoso país no se bastaba para sacar adelante en solitario una posguerra en Irak y que se vería en la necesidad de acudir a la comunidad internacional en busca de ayuda. Porque ésta es la fase en la que ahora estamos. La nueva situación configura un inesperado y desconcertante escenario. Por un lado, EE. UU. impone su doctrina del unilateralismo y declara la guerra a Sadam Huseín. Por otra, una vez ocupado Irak, proclama la multilateralidad para afrontar la solución del problema creado y pide la corresponsabilidad del resto del mundo. ¿Tiene sentido? Por extraño que parezca, la respuesta de la realidad es que sí. Estados Unidos es la única superpotencia de nuestro mundo, sobre todo en el ámbito militar, y la conciencia de que es así es la que ha llevado a sus dirigentes actuales, engreídos neoconservadores encabezados por Bush, a lanzarse por la ruta del unilateralismo, con el viento a favor de los atentados del 11-S. Sentían la obligación de hacer algo, sabían que podían hacerlo, y lo hicieron. Lo de menos era que los demás lo secundasen o no. Como insistía Rumsfeld, la superioridad militar estadounidense era abrumadora. Ahora George Bush, con casi cien muertos en la posguerra, le pide a la comunidad internacional que comparta con EE. UU. la carga que supondrá la reconstrucción de Irak y que aporte 50.000 millones de dólares (para sumar a los 20.000 que él ha conseguido). Este va a ser el tema central de la Conferencia de Países Donantes, el próximo 24 de octubre en Madrid. Un debate que algunos países europeos quieren aprovechar para reordenar la situación, sobre todo Francia, que insiste en la necesidad de hacer una convocatoria de elecciones en Irak decidida por el Consejo de Seguridad. Todo ello para ponerse a andar el largo y arriesgado camino que queda, abierto por una guerra fulgurante. La Unión Europea debe acertar, crecer y hacerse fuerte en este recorrido.