Estamos en la antítesis

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

24 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LEYENDO estos días la prensa, tan interesada en las sucesiones políticas que anuncian renovaciones ideológicas -¡sí, ideológicas!, porque sigue habiendo ideologías- y en la posguerra iraquí, me fueron pasando desapercibidos algunos hechos que, enlazados, me devolvieron a esperanzas vividas del pasado. Recordé cuando, en plena efervescencia de las ideas desarrollistas -aún hoy presentes en muchos de nuestros dirigentes-, los primeros movimientos ecologistas despertaban la ira y el rechazo violento de políticos, empresarios, y también de profesores asesores. Querían impedir el progreso, se les achacaba. Eran ideas utópicas, se decía. Hoy aquellas actitudes, aquellas ideas, forman parte de un modelo aceptado y alabado por todos, aunque no por todos aplicado: el desarrollo sostenible. La conocida dialéctica hegeliana se repitió una vez más. Y esa misma dialéctica nos sitúa ahora en la fase de búsqueda de una nueva tesis. Estamos en la antítesis. Y visto así, recobré el aliento, la nostalgia juvenil, la ilusión y el amor a la utopía. Quiero pensar que, al final, en la utopía está el origen de las nuevas tesis, del progreso. Y volví a pensar en la causa del recuerdo, en la antiglobalización. Tres sucesos significativos. La emergencia de un líder iniciático de los países en vías de desarrollo: Lula. La resistencia del nuevo Gobierno argentino a las imposiciones neocolonialistas del Fondo Monetario Internacional, que al final hizo ceder posiciones en la negociación a favor de la causa de los países pobres, o empobrecidos por gestores políticos corruptos. Y en tercer lugar, el resultado de la cumbre de Cancún, donde los países más pobres no quisieron firmar el acuerdo de comercio internacional que a los más ricos les convenía. Algo se mueve en el escenario de la antiglobalización. Los actuales antiglobalizadores empiezan a recordarme a los ecologistas de entonces. Tal vez también entre ambas posiciones llegaremos a un orden social más justo, a dar un paso más allá del desarrollo sostenible, hacia el desarrollo humano. y entonces, los antiglobalizadores de hoy, como los primeros ecologistas de ayer -radicales e idealistas- pasarán a ser motores vivos -algunos muertos por la causa- de lo que ya será un pasado. Pero los nostálgicos -como yo- siempre podremos recordarles. Y entre recuerdos y realidad, entre tesis, antítesis y síntesis, entre conformistas e inconformistas, el camino se va haciendo. De hecho, del desarrollo económico se ha pasado al desarrollo sostenible y tal vez después llegue la síntesis del desarrollo humano. Pero hoy estamos aún en la antítesis. Pero la tesis, la nueva tesis vendrá.