¿Nosotros los europeos?

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

24 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS INTERESES generales internos, más partidistas que nacionales, de Alemania y Francia, impidieron que Europa se alzase con una sola voz en el conflicto iraquí, produciendo una fractura en la confianza europea que seguirá costando tiempo y esfuerzos sanar, a pesar de los intentos de Gerhard Schröder y de los más teatrales que convincentes de Jacques Chirac. La división de Europa nos impide tener una sola voz y restaurar el significado de ese «nosotros los europeos» con el que tendríamos que ejercer una influencia real en la política internacional, apoyada en una defensa común en torno a la OTAN y no en el opuesto, como se empeñan los franceses y no tanto los alemanes (a este respecto no está nada claro que en la reunión de Berlín de la semana pasada haya habido un acuerdo con Inglaterra para hacer que la defensa europea avance hasta tener un mando conjunto al margen de la OTAN). Desde hace medio siglo, «la Francia que se cae» (tomo el título prestado del libro de Nicolás Baverez) propone y rechaza sucesivas propuestas de la Europa de la Defensa porque se empeña en imponer sus propias concepciones. De la Comunidad Europea de Defensa (CED, 1952) a la Unión Europea Occidental (UEO, 1954) y de ésta al Eurocuerpo (1993), los europeos hemos ido de fracaso en fracaso por el empecinamiento francés en sus ideas, frente a las sólidas convicciones nacionales del pacifismo alemán y el militarismo británico. Schröder y Chirac, líderes de izquierda y derecha, respectivamente, representan al político radical-populista para quien carece de importancia que sólo una parte del mundo se rija por un orden democrático o que esté sometido a la constante amenaza de fuerzas totalitarias. Tony Blair y José María Aznar, izquierda y derecha, por seguir con la misma terminología, se mueven en el mundo de las convicciones y creencias, aunque la defensa de ellas les haga a veces perder votos o debilitar posiciones. Después del 11-S, los dos primeros creen que en el nuevo orden mundial Europa debe avanzar sin contar con Estados Unidos, o incluso contra él; los dos segundos entienden que si la Unión Europea no reforma sus estructuras, liberaliza y privatiza más su economía y se dota de una Defensa común que mantenga el eje trasatlántico y el antiterrorismo como elementos imprescindibles de política exterior, estará condenada al declive. De momento, quienes seguimos perdiendo somos los que querríamos expresarnos como «nosotros los europeos».