El colapso de Bush

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

26 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS ESCASAS esperanzas de que los trabajos de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) permitieran dibujar una salida al pantano en el que se ha convertido Irak no se han visto correspondidas. Por el contrario, los discursos de Kofi Anann, secretario general de la ONU, de George W. Bush, Jacques Chirac, Gerhard Schröder y Vladimir Putin, han puesto de relieve las grandes distancias que separan la visión del mundo de los neoconservadores de Washington y la del resto de las grandes potencias si exceptuamos Gran Bretaña. Bush fue a la Asamblea General a defender la teoría de la guerra preventiva y, simultáneamente, a pedir a los representantes del organismo internacional dos cosas: soldados de otros países bajo su mando, y dinero. La respuesta más contundente la recibió del propio Kofi Annan cuando afirmó que «hacer uso de la fuerza de forma preventiva supone un desafío fundamental a los principios sobre los cuales la paz y la estabilidad mundial se han basado durante los últimos 25 años», y, culminó, «hemos llegado a un cruce en el camino y los principios de la ONU están en juego». Un año antes, George W. Bush había afirmado en el mismo escenario que resultaba «irrelevante» que el Consejo de Seguridad aprobara o no la intervención en Irak. Ahora ha tenido una actitud de falsa modestia. Cada día que pasa resulta más evidente que la Administración americana no sabe qué hacer con la patata caliente que tiene entre las manos. No es extraño que en algunos sectores ultraconservadores del partido republicano comience a circular la idea de una retirada completa, inmediata y unilateral de las tropas americanas de Irak, y, como decimos en España, que salga el sol por Antequera. Sería como abrir las puertas del infierno a un país en el que según Robert Fisk, corresponsal de The Independent en Bagdad, han muerto por diferentes circunstancias 10.000 ciudadanos iraquíes desde el día de la toma de la capital por el Ejército estadounidense. No hay agua, no hay electricidad, no hay sanidad, no hay escuelas, no hay trabajo, no hay gobierno y no hay seguridad. ¿Qué se puede hacer? La única opción razonable sigue siendo la búsqueda de un acuerdo en el proyecto de resolución que se está negociando para tener alguna esperanza. La decisión de Anann de retirar el personal de la ONU en Irak constituye una censura directa a los EE.UU. y el incremento de la presión diplomática hacia Bush para que ceda y acepte una salida a la crisis. ¿Será posible? Tengo muchas dudas. Hoy mismo, Robert Kagan, teórico neocon y autor del imprescindible libro Poder y debilidad. Europa y EE.UU. en el nuevo orden mundial , nos recuerda la verdad: «No seamos simplistas, Estados Unidos jamás ha creído en la ONU».