UNO SE PREGUNTA qué necesidad tiene el Gobierno vasco de plantear ahora una nueva reivindicación para conseguir más poder, controlar más los resortes de la sociedad vasca. El País Vasco cuenta con más autonomía que cualquier otra región de Europa. Ibarretxe quiere autodeterminación para lograr una Justicia propia, un Ejército propio, una Democracia propia, quiere estar en el Consejo de Ministros de la Unión Europea; quiere hacer un pacto amigable con España, con Navarra y con el País Vasco Francés; quiere tener un DNI propio, un pasaporte propio, un sistema escolar propio. El euro les ha quitado la posibilidad de acuñar moneda propia y hasta ahora no ha mostrado interés en tener ejército propio. Y esto se le ocurre a Ibarreche cuando todo el país vive una estabilidad social y económica, cuando los vascos no tienen más problema que ETA. Está claro que si detrás del Gobierno Vasco no estuviesen la metralletas y las bombas de ETA, no estaríamos hablando tanto de ese plan que tiene Ibarretxe. Sólo sería una anécdota en el panorama político nacional. Porque ya quedó claro que el plan de Ibarretxe es personal, es propio, no cuenta con el apoyo de todo el PNV ni de todo su ejecutivo. Sólo Arzallus y su delirio le apoyan. Euskadi tiene mucho dinero y cuenta con un gran bagaje empresarial. Son empresarios muy sufridos y muy emprendedores: Muchos pagan impuestos a la Hacienda Vasca y a ETA. Otros tienen que salvar los obstáculos que les ponen el terrorismo y el nacionalismo. Y aún así, es una región próspera. Por eso, Ibarreche, al igual que los ideólogos de ETA, promueve entre los vascos nacionalistas el sentimiento de que son un pueblo sometido, oprimido, ocupado por fuerzas extranjeras. Pero no queda ahí su malestar y molestia vital. Parece como si se identificara con ETA al querer sentirse igual que todas las naciones del Este europeo que han sido liberadas del yugo soviético. Un yugo impuesto, por cierto, en base al derecho a la autodeterminación de todos los pueblos. Lo peor de los delirios de Ibarreche y Arzallus es que existe una organización terrorista que lleva 40 años matando para conseguir los mismos objetivos. El lendakari afirma que todo esto debe lograrse en «ausencia de violencia sin exclusiones», supongo que esta sin exclusiones querrá decir sin tiros de ETA y sin presos en las cárceles, o algo así. Sólo nos cabe esperar que estos dirigentes nacionalistas tengan una pronta recuperación de su ya larga enfermedad. Y que no sea contagiosa, porque Quintana es muy sensible a estos virus.