Prioridades

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

06 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ATAQUE que los israelíes han lanzado contra bases de radicales palestinos, establecidas en territorio sirio, no supone una amenaza para la extensión del conflicto por todo Oriente Medio. Es un hecho ya irrefutable que poco pueden empeorar las cosas. Y que toda la región se encuentra inmersa en una situación de preguerra. Nadie desea una escalada bélica, pero todos la propiciamos. El brutal atentado suicida del sábado en Haifa no supuso ninguna novedad. Forma parte de la dinámica cruel y repugnante que impera en la zona. Sí, en cambio, resulta novedoso y causa una profunda preocupación el ataque israelí, porque se produce más de dos décadas después de que se llevase a cabo el último. Es la táctica que gusta de utilizar Ariel Sharon para desviar la atención de sus fracasos y aplacar las iras de los israelíes. Pero en este escenario, una vez más, hay que volver la vista sobre el papel que la ONU y su Consejo de Seguridad llevan a cabo. La negativa de Estados Unidos a condenar la acción denota a las claras que los norteamericanos tienen otras prioridades que no pasan, precisamente, por la pacificación. Su obsesión por colocar a los desleales en el cesto del terrorismo, por seguir alimentando con argumentos banales el eje del mal, lo llevan a ofrecer la infantil visión que tienen de la situación. La ONU ha vuelto a inclinar la rodilla ante el poder norteamericano. Y las escasas condenas al ataque no le han servido, ni tan siquiera, para reflexionar sobre la necesidad de no echar más gasolina a las brasas. Mientras otros países se afanan por crear el temible eje hispano-polaco, israelíes y norteamericanos continúan con su política de atropello y abuso. Ante la mirada complaciente de todos. Quizás porque no queremos enterarnos de que en tiempos de guerra nunca es un crimen hablar de paz.