Morir en Bagdad

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

09 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO se cumplen seis meses desde la toma de Bagdad por las tropas estadounidenses, un nuevo atentado le ha costado la vida a José Antonio Bernal Gómez, agregado en la Embajada de España en Irak, sargento del Ejército del Aire y miembro del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Como en el caso de Manuel Martín-Oar, el capitán de navío muerto el 20 de agosto en el ataque con un coche bomba contra la sede de la ONU, de nuevo el dolor de una familia y de sus compañeros, y de nuevo la necesidad de que el Gobierno realice una urgente reflexión sobre nuestro papel en la grave crisis de Irak. A pesar de la extrañas declaraciones realizadas en las primeras horas de la mañana por la Oficina de Información Diplomática y por algún miembro del ejecutivo, en el sentido de que de trataba de un asalto económico o el resultado de un conflicto personal, resulta obvio que el asesinato de Antonio Bernal forma parte de las acciones de venganza de los grupos iraquíes opuestos a la ocupación del país por fuerzas militares extranjeras. La verdad es que los españoles estamos atrapados en un pantano de guerra y violencia sin perspectivas de salida. La situación en Irak y las perspectivas del conflicto no pueden resultar más sombrías y su repercusión en la crisis de Oriente Próximo más preocupante. A medida que transcurren las semanas y los meses, resulta más visible la ausencia, por parte de la Administración Bush, de cualquier previsión política razonable que pudiera cubrir el vacío institucional tras la caída del régimen de Sadam. Y el caos ha resultado inevitable. Las buenas palabras de George W. Bush en la reciente Asamblea General de la ONU se han visto desmentidas por el nuevo proyecto de resolución presentado por Washington -patrocinado también por España y Gran Bretaña-, y que Colin Po-well tendrá que retirar ante la falta de apoyo por parte de los miembros del Consejo de Seguridad. Francia, China y Rusia, con el apoyo de Kofi Annan, secretario general de la ONU, insisten en exigir la transferencia inmediata de soberanía para un Gobierno iraquí representativo y la presencia de la ONU en Irak con garantías de seguridad y capacidad de influencia política para tramitar e impulsar la transición hacia la normalización del país. Y la crisis se puede complicar si atendemos a lo ocurrido en el conflicto israelo-palestino. El ataque de los cazabombarderos F-16 de la aviación israelí a un campo de refugiados en Siria, autorizado por la casa Blanca y el Pentágono, constituye una prueba de la nueva estrategia de «golpes preventivos relámpago» elaborada por los estrategas de Washington y que se puede extender sobre Irán. Por último, la posible dimisión de Abu Alá, primer ministro palestino, tampoco es una buena noticia.