Mira, Miramón

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

15 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTUVE hace poco en San Sebastián. Desde hace veinte años le dedico un tiempo -más o menos amplio- del verano. Tiempo de nostalgias, de melancolías, de ese adelanto otoñal con el que agosto siempre me despidió desde La Concha. De esa atmósfera lánguida, viscontiana, trémula, del mar batiendo en los arcos de la playa, cubriendo de sombra lo que poco antes era vida, alegría, ilusiones de niños. Así es para mí el final del verano en Donosti. Pero esta vez, con un amigo de siempre, salí de paseo a un lugar hace poco inhóspito de los alrededores urbanos. Se le llamaba el parque de Miramón. Sólo tenía un palacete romántico trasladado allí cuando su ubicación en el ensanche se utilizó para un edificio moderno. Desde él miraba, y fui viendo cómo la ciudad cambiaba -todas cambian-, cómo se construía el campus universitario, de notable calidad arquitectónica y urbanística -no como algunos nuevos de los nuestros que parecen parques industriales-, cómo se hacía el nuevo y discutido palacio de Congresos y festivales de Moneo, cómo el frente marítimo de la Zurriola se renovaba, cómo la ciudad crecía. Hoy el símbolo de ese cambio es, para mí, Miramón. Allí se ha construido el parque tecnológico de Guipúzcoa, un símbolo del progreso -pese a todo- de los que en aquellas tierras tan necesitados están para contrarrestar el pesimismo ambiental. El nuevo museo de la ciencia, los centros tecnológicos universitarios, centros de investigación, unidades de I+D de las empresas, servicios avanzados y servicios para los ciudadanos en un marco de alta calidad, arquitectónica en primer lugar. Y en su entorno siguen sobresaliendo las cúpulas verdes de las colinas, pero entre ellas la cuidad se enrosca con avidez. Barrios de baja densidad, corredores verdes, jardines, palacios convertidos en parques, nuevos hoteles de diseño, campos de golf, áreas de mezcla social. Y más allá, ese espacio mágico, ese lugar de peregrinación para los espíritus sensibles que el Chillida Leku, el museo del creador vasco que él mismo diseñó y supervisó. No hay, en España, ni fuera de ella, muchas ciudades que tengan una expresión moderna de la calidad arquitectónica, urbanística y paisajística como la nueva San Sebastián. Lástima que algo más allá se vean las construcciones de la corona periurbana que el terrorismo y el conflicto han hecho famosa: Rentería, Hernani, Anoeta, Urnieta, Usúrbil. Para allí miraba mi amigo. Pero yo le grité: ¡Mira, Miramón! Allí está el futuro. Ya quisiera yo que alguna de nuestras ciudades crecieran así. Algo se adivina en Santiago, en nuestra Compostela, pero queda mucho camino. Claro que en otras los caminos ya están cerrados, o pasan muy lejos. Habrá que ir más allá de la ciudad. Habrá que volver a mirar a Miramón.