DIMITIR debe ser un verbo anglosajón que aquí no se conjuga por no caer en barbarismo. Bueno, este verano dimitió el alcalde de Lillo (Toledo), pero lo hizo de paso que dejaba a mujer e hijos para fugarse con la concejala de Bienestar Social, que ya es acaparar bienestar. La teoría de la dimisión la imparten en este peculiar país los entrenadores de fútbol. José Manuel Lillo dio la lección magistral el año 2000, cuando entrenaba al Zaragoza: «¿Dimitir yo? Jamás. Los desertores nunca ganan». Van Gaal aseguraba en diciembre del 2002 que « dimitigg no es la solución»; la solución fue echarlo, un mes después. Seguramente concuerda con estas teorías el director de informativos de TVE, Alfonso Urdaci, cada día más parecido al Van Gaal del guiñol televisivo, el de la cara de ladrillo refractario. Urdaci leía ayer, por mandato de la Audiencia Nacional, el reconocimiento de que habían manipulado la información para minimizar la huelga general del 20 de julio del 2002. La demanda venía, y así lo leyó el resistente director de informativos, «del sindicato cecé oó». Urdaci no desertará de la ventaja que ha obtenido de la Moncloa a pesar de que el director general, José Antonio Sánchez, prometió su cese si la Justicia fallaba a favor de Comisiones Obreras. Tampoco lo hará por la manipulación cometida contra Julio Medem; el estreno de su película La pelota vasca fue ilustrado en TVE con imágenes de una manifestación de Basta Ya subtituladas como «San Sebastián, esta mañana», cuando las imágenes eran de archivo. El ente público humilla al país forzando a la UE a advertirle de que deje de utilizar el aval ilimitado del Estado para tapar su déficit (de un billón de pesetas) mientras compite deslealmente por la publicidad con las empresas privadas. Los pasillos de TVE son un paseo de agentes judiciales. Quien aún no ha entrado por allí, ni se le espera, es la vergüenza.