¿Griego? No, gallego

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS|

OPINIÓN

20 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«EL ADELANTADO». Así podría pasar Lois Pérez Castrillo a la historia de Galicia. Y es que, como aquellos delegados de nuestros monarcas medievales que ocupaban en nombre del Rey un adelantamiento en tierra conquistada al sarraceno, también el ex-alcalde benegista acaba de dar un paso decisivo en el proceso inacabado de puesta al día de la formación nacionalista. ¿O es que cabe muestra de mayor aggiornamento que su anuncio -aún calentito- de que el Bloque podría apoyar una moción de censura contra el Partido Socialista para hacer alcaldesa de Vigo a la candidata del PP? Pues no, la verdad es que no cabe. Ese apoyo sería para el Bloque como pasar el Rubicón, demostrando a tirios y troyanos que, puestos ya a modernizarse, los dirigentes del Bloque están dispuestos a que el nacionalismo se modernice como nadie. Tanto, que algunos mal pensados se creerán que, de puro moderno, el BNG se sale de la afoto. Lo de Pérez Castrillo mola mazo, como dicen ahora los chavales. Es cierto, claro, que la inmensa mayoría de los vigueses que votaron nacionalista en las últimas locales se quedarían turulatos si Corina Porro llegase a la alcaldía con el apoyo de los siete concejales benegistas. Pero ese es el precio que deben pagar siempre quienes tienen el arrojo de avanzar sobre su tiempo. Ahí están, sin ir más lejos, Pizarro, Colón y Hernán Cortes. Y ahí está también, más cerca de nosotros, Ramoncín, que se convirtió, a fuerza de moderno, en el rey del pollo frito de la movida madrileña. Colocando a Corina Porro en el sillón consistorial de la ciudad más poblada de Galicia, Pérez Castrillo vendría a ser algo así (dicho sea con todos los respetos) como el rey del pollo frito del aggiornamento del nacionalismo radical. Y además nos solucionaría a los gallegos un problema de futuro: el de cómo lograr el recambio del PP en el gobierno de la Xunta de Galicia. Pues -es evidente- si la moción de censura contra Pérez Mariño llegase a triunfar con el apoyo de Pérez Castrillo y de los suyos, el PP no sólo se habría asegurado una importantísima alcaldía, sino también el gobierno de la Xunta per saécula saeculórum. Esa nueva modalidad de pactos a la griega (la izquierda aliada con la derecha para hacer la puñeta al centro-izquierda) permitiría finalmente a los publicistas de la Xunta añadir un producto más a esa lista de honor del anuncio en que una voz en off va preguntando, ¿alemán? (no, gallego); ¿francés? (no, gallego); ¿italiano? (no, gallego), mientras se muestran las maravillas del país. Y así, junto a las ostras, los rodaballos, las enaguas y los huevos, podrían incluirse también los pactos cerrados por el Bloque. ¿Griego?: no, gallego. Lo que, bien mirado, es una manera como otra cualquiera de hacer patria.