El estado de Galicia

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

LA PREOCUPACIÓN política fundamental gallega en estos últimos día fue el análisis del estado de Galicia. Ha sido un chequeo a nuestra autonomía, como los que se hacen las personas de forma periódica en una consulta médica. Al final uno puede estar enfermo, estar regular o en la mejor forma. El médico le puede dar una palmadita de enhorabuena o extenderle una receta para algún remedio de poca importancia. Lo peor es que uno le encuentren realmente algo grave o irremediable. En el caso de Galicia, este chequeo rutinario ha llegado a una conclusión rutinaria: «Galicia está bien, pero podría estar mejor». Es una frase de consenso. Toda la sociedad puede estar de acuerdo en esta afirmación. Para algunos, los negativos, se podría cambiar el diagnóstico: «Galicia está mal, pero podría estar peor». Esta es de menos consenso. Lo más probable es que los partidos de la oposición se decanten por afirmar que «Galicia está mal y seguirá así hasta que nosotros estemos en la Xunta». O «Galicia está mal, pero se pondrá mejor cuando estemos en la Xunta». Y aún hay una frase en la que todos los gallegos estamos de acuerdo, porque refleja mejor nuestra forma de ver las cosas: «Nin está tan mal como din uns nin tan ben como din os outros». Primera conclusión: el estado de Galicia se mantiene como en los últimos años, con el crecimiento propio del incremento de la vida. Se avanza, no tan lentamente como dicen unos ni tan rápido como quisieran otros. Pero en estos días ha habido algo que sí ha cambiado en el estado de Galicia: La oposición no anda bien de salud. Los dos siameses unidos por la espalda que no pueden verse pero tampoco pueden separarse (PSOE y BNG), pasan por su peor momento. Cada uno tira hacia delante, pero no consiguen desprenderse. Pérez Mariño, que no ganó las elecciones en Vigo, y el BNG, que tampoco ganó las elecciones (aunque gobernaban juntos), están sumidos en un desconcierto, en un profundo disenso, en un pulso feroz, que amenaza gravemente la carrera política del actual alcalde de Vigo, al mismo tiempo que puede suponer el desgobierno de la ciudad olívica. La crisis es grave y no afecta sólo a Vigo. Podría dejar a Salvador Moreda sin la Diputación de A Coruña, como Simancas quedó sin el gobierno de Madrid. Es un enfrentamiento fuerte, pero los dos partidos de la oposición saben que no pueden tocar poder cada uno por separado, lo cual quiere decir que volverán a encontrarse. Y mientras esto es así, Fraga presenta sus logros y sus proyectos. Podrían ser más y mejores, pero son. Hay números, cuentas y realidades; planes, muchos planes, proyectos de futuro y cohesión política. Segunda conclusión: los dos partidos de la oposición parecen encontrarse en peor estado que Galicia. Sufren trastornos de personalidad y crisis de identidad, unido todo ello a un grave deterioro de su convivencia. Es necesario que recuperen la autoestima, restauren sus fuerzas y encuentren su lugar adecuado. Es el remedio necesario para que hagan ese seguimiento estricto e implacable del Plan Galicia. Es necesaria una oposición saludable para que todos los proyectos previsto para Galicia sean realidad en el plazo establecido. Esa será una aportación que todos los gallegos agradeceremos.