El feísmo urbano

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

04 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE 35 años, ¡bien lo recuerdo! Cuando nuestras ciudades crecían vertiginosamente para acoger los miles de inmigrantes rurales y los negocios especuladores afloraban, tuve con un constructor una interesante conversación en un bar de un barrio coruñés. Le mostraba mi sorpresa por la pésima calidad arquitectónica de los nuevos edificios, de nuestras construcciones urbanas. Entonces como ahora. En comparación con otras ciudades donde mi vida profesional y de ocio transcurría, los nuevos edificios de las ciudades gallegas eran un muestrario de feísmo. El constructor me dio las siguientes razones: es más barato, tanto por los materiales como por el proyecto; el planeamiento no contiene ninguna referencia limitativa; los compradores prefieren pagar menos si el interior es el mismo. En consecuencia, él, constructor, no iba a ganar menos para levantar mejores fachadas. Tampoco los arquitectos se esforzaban en sugerirles o convencerles. ¡Ya está bien que del feísmo lleven siempre la culpa los habitantes del rural! También hay un feísmo urbano. Basta con mirar las nuevas y no tan nuevas construcciones del gris paseo marítimo coruñés. Basta con mirar el desastre del nuevo mercado ferrolano. ¿Por qué no lo tiran a la vez que el murallón? Basta con pasar por el nuevo barrio de Conxo compostelano, o por el frente marítimo de Vigo; o por el borde fluvial de Pontevedra, o por tantos lugares emblemáticos de nuestras ciudades. De los barrios o desarrollos urbanos periféricos, ¿qué decir? Cacheiras y Milladoiro, cerca de Santiago; O Burgo y Aceadamá o Arteixo, en la periferia coruñesa; todo Narón en el suburbio ferrolano. ¿Para qué seguir? Lo excepcional es encontrar espacios periurbanos de calidad. Algunos hay en Bertamiráns, en Oleiros, en ... y me sobran puntos. Un feísmo que no es tanto fruto de la incultura como de la codicia de unos y de otros. Alcaldes, promotores, arquitectos, en primer lugar, ¡que no nos digan otra cosa! El coste de la vivienda es bastante elevado -no es por ello problema de escasez monetaria-, el suelo es demasiado caro, y no es porque no haya suelo susceptible de convertirse en urbano; no es que sea necesario seguir acumulando viviendas en las áreas centrales, no es que haya razones objetivas que lo justifiquen. Es -sin más- un tremendo negocio inmobiliario, especulativo, ladrillero , un negocio feo; el feísmo derivado de la codicia y la falta de ética es mayor que el feísmo formal, aunque tampoco nuestros arquitectos anden sobrados de inspiración. Claro que a lo mejor muchos son más técnicos de la construcción que arquitectos creadores. El feísmo urbano es peor aún que el rural, porque es más compacto, más aplastante, más denso. Y más difícil de corregir, de restaurar, de derribar. Y esto es grave, porque ¿qué pasará cuando las construcciones de los últimos diez años envejezcan? Mejor será no pensarlo, para no desanimarse. Pero como no todo ha de ser negativo, al menos hay una ciudad en Galicia -Santiago- donde el proyecto urbano y el urbanismo se está haciendo -desde hace una década o más- con una aceptable -a veces sobresaliente- calidad. No sería malo que otros mirasen para nuestra capital, para tomar alguna idea. Pero mejor aún es que recorran con atención y calma otras ciudades españolas cercanas: Oviedo, San Sebastián, Vitoria, Pamplona, León; por no hablar de muchas francesas, suizas, holandesas, inglesas, etcétera. Hay que pensar que el hombre moderno no está dejando un buen legado a Galicia. Incluso -como en la lonja coruñesa- derriban edificios de interés para sustituirlos por cegadores galpones. Galicia es bella, aunque esté arrugada por vieja, pero lo viejo -como la arruga- es hermoso. En nuestras ciudades nuevas, en nuestros pueblos renovados, el feísmo tiene su asiento. Se parecen más a la acumulación de asientos contables que a la creación de espacios a la escala humana. Cuando la armonía no se construye, se destruye. Y lo bello en el territorio es siempre armónico.