EL AMOR que se profesan los novios sella el compromiso de boda del Príncipe de Asturias con Letizia Ortiz Rocasolano. La elección ha correspondido a Felipe de Borbón y Grecia, que siempre manifestó su deseo de casarse por amor con la persona elegida por él, tiene el respaldo preceptivo del Rey y es conforme a las estipulaciones del artículo 57 de la Constitución. Todo en orden, pues. A partir de aquí, la decisión del Príncipe de Asturias ha tenido el beneplácito del pueblo, para el que lo importante es que sea una boda por amor y con española, y las opiniones matizadas de quienes se fijan más en la estabilidad y continuidad de la monarquía parlamentaria, para los cuales el hecho conlleva un riesgo aceptable «porque incorpora valores de nuestro tiempo». La Monarquía es fruto de la evolución histórica y por ello encierra incongruencias que aunque los años depuran se aceptan en beneficio de un bien superior. Insertas en la sociedad a la que pertenecen, las monarquías tienen que adaptarse a las exigencias del presente y por ello la costumbre tiende a dejar paso al requerimiento del corazón. Pero ¿basta con éste y es fundamento principal de un matrimonio? No cabe duda que los matrimonios de hoy se hacen por amor y es condición suficiente para casarse, pero bien es cierto que demasiados se hacen solo por amor y cuando la llama que lo alimenta desaparece se deshace el vínculo hasta hacer un segundo por amor y hasta un tercero y un cuarto. Para asegurar una convivencia feliz, y en el caso que nos ocupa de entrega y servicio a los intereses generales de España y al compromiso de la Monarquía con la sociedad española, hace falta algo más que amor: hacen falta fundamentos tales como la capacidad de sacrificio y el sentido histórico de la institución. De los labios del Príncipe Felipe hemos escuchado que en Letizia ha valorado «¿su espíritu de responsabilidad, su coraje, unos principios, una rectitud y una ejemplaridad en el trabajo que siempre me han impresionado y desde que la conozco mucho más». Letizia Ortiz, por su parte, ha dicho que «¿de forma progresiva voy a integrarme y a dedicarme a esta nueva vida con las responsabilidades y obligaciones que conlleva y con el apoyo y cariño de los Reyes y, por supuesto, el ejemplo impagable de la Reina». Esta declaración y sus últimas seis palabras son la mejor garantía contra los agoreros.