Lavacolla ataca

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

13 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

TREMENDO despertar. Vuelve a sorprenderme de nuevo el ataque al sistema aeroportuario gallego. La argumentación aducida es muy simple: dado que el aeropuerto Sa Carneiro atrae a 50.000 gallegos al año; dado que con el AVE los gallegos iremos en tren a Madrid; dado que necesitamos un aeropuerto internacional; dado que eso sólo puede serlo Lavacolla, hay que cerrar los otros dos y dejar uno solo. Más bien -diría yo- uno y medio, porque con el AVE los de Vigo llegarán a la terminal aérea portuense en el mismo tiempo que a la estación de ferrocarril compostelana (porque aquí el AVE no para en Lavacolla). Ponen como ejemplo a Cataluña con un solo aeropuerto de vuelos regulares. Esto, además de no ser así, no convence a mi primo Manolo, porque él dice que Euskadi tiene 3 aeropuertos, Andalucía tiene seis, ¿por qué Galicia va a tener sólo uno? Dice que es el localismo santiagués. Y añade: también en Santiago duplican facultades que hay en A Coruña y hacen un nuevo teatro de la ópera, como en su día crearon una segunda orquesta sinfónica. Un ourensano, compostelano reconvertido -muy amigo de los dos- añade que Santiago tiene que tener todos los servicios administrativos de una capital de provincia; ¿por qué van a tener que ir los santiagueses hasta A Coruña para arreglar los papeles? Y entre decir y añadir, se enzarzan en un rosario urbano:«ora pro nobis», dicen al final. Y ahí sí que estoy de acuerdo, mucho hemos de rezar los gallegos por nuestro incontinente e impenitente localismo. Cuando hablamos de construir una Ciudad-Región -gracias al AVE- en donde todas las ciudades deben compartir y complementar funciones para alcanzar un equilibrio estable; cuando sabemos -o deberíamos saber- que el mundo global es un sistema complejo en el que sólo los que sumen tienen sitio, cuando eso es así, ¿por qué no alcanzar un acuerdo de una vez? Hagamos un pacto por Galicia, un pacto regional, un pacto nacional dirían los nacionalistas. Busquemos optimizar lo que tenemos . Y así podremos comprender por qué hay cosas que otros tienen y nosotros no, o por qué no puede haber de todo en todos los sitios. Por ejemplo, ¿por qué Lavacolla no es más internacional? ¿Por Alvedro o Peinador? No creo. Por Oporto, tampoco. Nuestra dimensión demográfica, la internacionalización de nuestro sistema económico, o los flujos de turismo internacional, no deben ser aún suficientes. Porque internacionales, internacionales, además de Barajas, El Prat y Sondika (que tiene otros 2 aeropuertos a menos de una hora) sólo son los aeropuertos del turismo internacional. Y en la fachada atlántica Lisboa y Oporto. Queremos un aeropuerto internacional, ¡bien!, atraigamos más inversión extranjera, atraigamos más turistas de verdad, internacionalicemos nuestras empresas (Citroën-PSA Vigo, Renault, Valladolid y París ya están enlazadas a diario), pero ¿qué lograremos con cerrar dos de nuestros tres aeropuertos? Oporto incrementará su área de atracción sin duda, y extenderá su oferta a cuatro millones de habitantes. Desde luego, con el AVE, muchos gallegos irán volando por la vía del tren a Madrid. Nuestra red aeroportuaria habrá de hacer un plan estratégico para ir estudiando cómo quedará el mercado después del AVE o de lo contrario terminaremos lavando nuestras vergüenzas en Lavacolla como los peregrinos hacían. Me viene a la cabeza aquella anécdota que cuentan del cardenal Quiroga Palacios, cuando a su buen amigo el general Franco le pedía un aeropuerto «por si viene el Papa». Y ¿si no viene?, respondía el general. Y ¿si viene?, apostillaba el purpurado. Ahora el Papa ya no creo que pueda venir, pero el AVE seguro que vendrá.