Cataluña en el laberinto

OPINIÓN

18 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

NI ARTUR MAS ni Pasqual Maragall aman, políticamente hablando, a Josep Lluís Carod-Rovira. En realidad, les produce un molesto escozor saber que, en la relación que van a mantener con él, habrán de soportar una larga serie de exigencias y de pretensiones. Sin embargo, ambos han empezado a cortejarlo con denuedo estos días. La aritmética parlamentaria obra milagros de amor, y éste es uno de ellos. Carod-Rovira de momento se deja querer, todavía oculto tras su equívoco enrejado electoral, sobre el que aún campea su lema de nacionalismo y progresismo. Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero observan con preocupación los movimientos. Porque ya está claro que los resultados de Cataluña dibujan un laberinto de proporciones desconocidas, y esto siempre acongoja al más pintado. A unos, porque temen al minotauro del separatismo. A otros, porque desconocen la profundidad del agujero que se ha abierto bajo sus pies. A los más, porque perciben un indeseable horizonte de inestabilidad. Al PSC, porque todavía no ha conseguido entender los resultados. A los nacionalistas de CiU, porque no saben hasta dónde deben tensar la cuerda. Y a los propios dirigentes de ERC, porque no saben hasta dónde la pueden tensar (no hay ninguna cuerda que no se pueda romper, y lo saben). Ni siquiera la satisfacción del PNV, con ser grande, es total. Con ERC en minoría, aunque tenga la llave del Gobierno (podría quitársela un pacto CiU-PSC), puede darse en Cataluña un proceso modélico de reacomodación de esta comunidad en el seno de España. ¿Es posible? Tan posible como que los principales enemigos de esta salida seguirán siendo los que tienen por norma desconfiar del otro. Se miren como se miren los resultados, en Cataluña no ganaron los independentistas. Pero el mapa electoral es variable -de hecho acaba de variar-, y es necesario no generar desafección institucional ni acrecentar temores. Se puede mejorar lo que hay sin necesidad de dinamitar nada. Y es mejor entenderse ahora que lamentarlo mañana.