Cascos irrita a Vigo

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

21 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

PARADIGMA de ministro cordial, tolerante y dialogante: Álvarez Cascos. Sin ninguna duda. Si se nos ocurriese hacer un macrosondeo, el resultado sería aplastante. Paco Cascos, como gustan de llamarle sus compañeros de partido, es el ideal... El ministro Cascos ha pasado esta semana por Galicia para inaugurar, 30 años después de iniciada la obra, los últimos 17 kilómetros de la autopista del Atlántico. Y él, que no desaprovecha el viaje, nos ha dejado una de sus habituales perlas con la que enriquecer su ya nutrida biografía política. «No tengo tiempo para reunirme con los alcaldes», le espetó al de Vigo, al tiempo que daba cuenta de un pincho de empanada. Y ha puesto en pie de guerra a asociaciones vecinales, empresarios y comerciantes que entienden su actitud como un desprecio. El alcalde vigués y los que se muestran iracundos no entienden que Álvarez Cascos esté tan ocupado. Creen que es de los que pierden el tiempo entre la caza del rebeco, la pesca del salmón, los brindis, los socavones y los cortes de cintas inaugurales. Y que se le van los días sin darse cuenta. Pero Cascos no puede atender las reivindicaciones que le plantean los mandatario de ciudades españolas, por muy importantes que sean. En su agenda, además de lo señalado, «sólo figura terminar dignamente la legislatura», como él mismo dijo. Y en ese afán por mantener la dignidad no está, ni tiene por qué estar, el futuro de Vigo, el de Santiago, el de Lugo, o el de Negueira de Muñiz. La dignidad la entiende el ministro de forma distinta a como la vemos los demás. De manera muy particular. Y eso que, hace sólo unos meses, alguien nos había dicho que era el que más méritos hizo para llevarse la Medalla de Galicia. Por sus desvelos continuos por este país. Pero Cascos es así. Claro, cordial, tolerante, campechano y sencillo. Incluso simple.