METIDOS COMO andamos en asuntos de realeza, estos días nos hemos sorprendido con las noticias llegadas del Reino Unido sobre el último affaire atribuido al príncipe Carlos o la osadía de un periodista del Mirror que se hizo contratar como criado en el palacio de Buckingham. Parece que a la familia real no se le han terminado los annus horribilis, que la reina Isabel lamentó en 1992 tras el incendio del castillo de Windsor y cuando el culebrón príncipe Carlos-Lady Di estaba en plena vorágine. Un nuevo escándalo, con el Príncipe de Gales en el ojo del huracán, ha sacudido este mes a esta familia real. Las acusaciones de George Smith, ex empleado del heredero de la Corona, sobre un presunto incidente de carácter sexual entre éste y otro de sus empleados, Michael Fawcett, han hecho correr ríos de tinta. Prohibición judicial A raíz de una demanda de Fawcett, el Tribunal Supremo de Londres, con jurisdicción en Inglaterra y Gales, prohibió al Main on Sunday la publicación de unas informaciones sobre la sexualidad del príncipe Carlos, y el juez Mackinnon dictó el día 2 el secuestro del diario por considerar su contenido un libelo. El conjunto de la prensa de Inglaterra y Gales ?no así la de Escocia? decidió acatar la orden judicial, e incluso los importadores de prensa optaron por no distribuir las cabeceras extranjeras. No obstante, los diarios de Londres, aunque midieron muy bien sus informaciones, no eludieron publicar artículos de opinión, como el que ocupaba un lugar destacado en The Independent bajo el título de «¿Qué pasaría si el príncipe Carlos fuera gay?». Una lectora de Vigo, Ana López Moreiras, nos traslada su inquietud: «Me resulta curioso leer que la prensa británica por orden de un juez no publique nada sobre el escándalo sexual del príncipe Carlos y, sin embargo, el resto de la prensa, entre la que incluyo La Voz de Galicia, se ha hecho eco de estas informaciones. ¿Podría publicarse en España una información de cariz similar respecto, por ejemplo, a algún miembro de la familia real? Tengo una curiosidad más: ¿es la prensa británica tan respetuosa como lo es la española con nuestra familia real?». Pacto no escrito Con relación a la primera pregunta, cabe señalar que, en España, los medios de comunicación son en general respetuosos con la familia real. Hay un pacto no escrito que insta a los medios a ser rigurosos con los miembros de la familia real. Los delitos de injurias y calumnias contra el Rey y su familia están contemplados en los artículos 490 y 491 del Código Penal, donde se establecen penas de multa para «el que utilizare la imagen del Rey» o cualquiera de los miembros de la familia real «de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona». Traslado al corresponsal de La Voz en Londres, Manuel Allende, la segunda pregunta de nuestra lectora y nos contesta: «No, sencillamente la familia Windsor no goza del acuerdo tácito y de honor rubricado por la prensa española con los Borbones. Hoy por hoy, la única forma que tiene la reina de Inglaterra de evitar que los tabloides se entrometan en la vida privada de su familia es mediante el recurso legal, la amenaza de enviar al fiscal general del Estado una querella del tamaño del Big Ben, y la amenaza de una multa, que hace unas décadas hubiera sido equivalente a varios años en la Torre de Londres. Por este motivo, los diarios sensacionalistas como Daily Mirror, The Sun o Daily Mail son capaces de publicar cualquier trapo sucio, sea cierto o falso, aireado por un sirviente real del tres al cuarto sobre cualquier miembro de la extensa familia Windsor. A cambio de dinero, los supuestos fieles sirvientes son capaces de contar las mayores barbaridades. Pero no sólo ellos, sino los que se dicen amigos de la familia real también tienen acceso directo a los periódicos, por un fajo de libras. »Aunque también es verdad que los miembros de la familia real han aprovechado la libertad de expresión y el descaro de los diarios amarillos para atacarse unos a otros. Recordemos cómo Diana de Gales y Carlos utilizaron a la prensa para provocar el divorcio y aparecer ante los británicos como la parte afectada. La prensa sensacionalista, y cada vez más la llamada seria, ha sabido aprovechar las diferencias, despropósitos y limitaciones de los miembros de la familia real para vender ejemplares y mejorar sus balances. No hay, pues, ningún trato especial ni a la reina ni a los Windsor».