CUANDO ESCRIBO estas notas, no hay acuerdo en el Ayuntamiento de Vigo. Por ello, cabe la posibilidad de que sean desbordadas por acontecimientos y pactos de última hora. Queda claro, como apunté en anterior artículo, que me parece lo más deseable. Por ello, con los debidos respetos a la nueva dirección del BNG, creo que hay que decirles: van a cometer ustedes una barbaridad. En ninguna parte se ha visto que una coalición de izquierdas sea tan incompatible como para cederle el poder a su adversario natural, que es la derecha. No es nada contra Corina Porro, que es una excelente candidata y lo demostró en la Xunta de Galicia. Es una cuestión de coherencia política. Las diferencias y las ambiciones personales no pueden imponerse nunca a los principios ideológicos. En Vigo han pasado cosas muy extrañas. El alcalde que hoy se somete a la cuestión de confianza, Pérez Mariño, inició su tarea en minoría. Es cierto que le debe al apoyo del Bloque haber sido elegido regidor. Eso no lo puede discutir nadie. Pero sus propios socios se han encargado inmediatamente de segarle la hierba bajo los pies. No acudían a las reuniones de gobierno. Abusaron de sus pretensiones a la hora de designar al responsable de urbanismo. Y hay muchas voces que afirman que Lois Pérez Castrillo (BNG) sentía recelos a la hora de apoyar a quien le sucedió en la alcaldía. Pérez Mariño tenía dos opciones: tragar , como se dice en términos coloquiales, o actuar con dignidad, aunque resultara suicida. Por lo menos, actuó con coherencia. Después vino todo lo que ustedes conocen: desde una especie de pelea callejera hasta el acuerdo para la Diputación de A Coruña. Hoy, el PSOE se presenta al pleno de la confianza con una actitud solvente: no entregar la cabeza de Pérez Mariño a cambio de otra. ¿Qué concede, en cambio, el Bloque? Nada. Busca una víctima. Su triunfo es que caiga Pérez Mariño. Y el beneficiado ni siquiera es el Bloque, sino el Partido Popular, que ha sido la lista más votada. Se condena así a Vigo a un gobierno débil y a continuar, si Dios no lo remedia, en una ejecutoria municipal tan difícil como la vivida en los últimos años. Los ciudadanos son, al final, quienes pagan la crisis. En el altar de los sacrificios políticos se inmola a un hombre honesto, eficaz, que tiene un proyecto de ciudad en la cabeza, que cuenta con respaldo popular, aunque sea posterior al lenguaje de las urnas de mayo, pero que sólo ha cometido un grave error: funcionó de acuerdo con su conciencia, cosa, por lo visto, insólita en política. Y algo peor: esa coalición de izquierdas ¿va a funcionar así cuando las urnas regionales les encomienden el gobierno de Galicia? Triste destino.