El conglomerado

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

DESDE los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, todos los ciudadanos, no importa cuál sea su nivel de información, sabemos que Al Qaida es una organización terrorista que en nombre de un jefe, Bin Laden, y una religión, el islamismo, realiza atentados terroristas en distintas partes del mundo para luchar contra intereses occidentales y principalmente norteamericanos. Sin embargo, poco sabemos de cómo es, cómo funciona, quiénes la integran, cuál es su esquema de poder, quién la dirige, quién marca sus objetivos y cómo se financia un grupo que ha dejado de ser grupo para convertirse en una marca dentro de un conglomerado del terror que, siguiendo el signo de los tiempos, actúa en un mundo global, externaliza las acciones, otorga franquicias y abre tiendas en cualquier ciudad donde hay mercado para su siniestro producto. A Al Qaida le hace falta un juez Garzón que desentrañe su mundo y unos políticos que con otras medidas la quiten el oxígeno que respira. Para luchar contra Al Qaida hay que hacerlo, pues, en muchos frentes, y uno de ellos es en el drama de Oriente Próximo, como ha señalado el responsable de Política Exterior y Seguridad de la UE, Javier Solana, en un documento en el que subraya que sin resolver el conflicto árabe-israelí, «las posibilidades de atajar otros conflictos en Oriente Medio serán escasas». Su perseverancia en un asunto que por nuestros pagos resulta obvio ha hecho mella en influyentes sectores norteamericanos y en buena parte de la sufriente sociedad israelí. En el primero, el New York Times no ceja de exigir al Gobierno de Israel que acabe con los asentamientos ilegales que ocupan 230.000 colonos en las franjas de Cisjordania y Gaza, y en la segunda, el director del diario Haaretz , Yoel Esteron, ha dicho que «para poner fin a los atentados suicidas necesitamos una reflexión profunda, no portaaviones». Ariel Sharon, primer ministro israelí, presionado desde ambas orillas y por su propio Ejército, que viene reclamando una alternativa diplomática que permita el diálogo con los palestinos, empieza a moverse en esa dirección al confirmar que está contemplando la posibilidad de «efectuar concesiones dolorosas», entre las que podrían estar el desmantelamiento de algunos asentamientos a partir de mediados de 2004 y la declaración de un Estado de Palestina en los territorios situados al este de la línea de 1967. No hay otra manera para dar pasos en la buena dirección.