Caso clínico en Vigo

OPINIÓN

30 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

MUCHOS GALLEGOS hemos sido asaeteados durante meses por una pregunta que nos formulaban gentes de otras tierras de España: ¿Por qué el Partido Popular no había sido castigado en las urnas, en las últimas elecciones municipales, después de lo que consideraban una mala gestión del desastre del Prestige ? La respuesta hoy sería mucho más simple y quizá bastaría con nombrar lo ocurrido en el Concello de Vigo. El comportamiento de políticos como Lois Pérez Castrillo al romper caprichosamente el pacto PSOE-BNG y defenestrar a Ventura Pérez Mariño le da crédito al argumento del secretario general del PP gallego, Xesús Palmou, de que «la pretendida alternativa no existe». O está en pañales. Y nadie puede culpar esta vez a los populares del regalo navideño que acaban de hacerle sus adversarios políticos. Habría que armarse de conocimientos psicológicos profundos para determinar las razones últimas por las cuales Castrillo no resistió la tentación de derribar a Ventura Pérez Mariño, y probablemente ninguna de ellas lo cubriría de gloria, pero no es de esto de lo que aquí se trata. En política, y más allá de la psicología de cada cual, lo que importa es la voluntad popular. Y la voluntad popular de los vigueses es la que ha sido más olvidada, más zarandeada y menos tenida en cuenta en todo este proceso de irritantes enconos personales, políticamente inaceptables. Vigo tenía un alcalde en virtud de un acuerdo legítimo y suficiente entre dos fuerzas políticas. Ese alcalde era Ventura Pérez Mariño, un independiente en las filas socialistas, el cual hizo lo que le correspondía: tratar de sacar adelante un gobierno municipal que, desde el principio, encontró la reticencia de sus socios nacionalistas. Es posible que Pérez Mariño haya tenido algún «desajuste de talante», pero nada que imposibilitase su gobierno. Ninguna de las razones que se han dado justifica que tenga que dejar su puesto, excepto si se habla de rencor, capricho, inmadurez o simple y tenaz desafecto. De modo que cuanto antes esté al frente de la alcaldía Corina Porro, la portavoz popular, mejor para todos. Se habrá acabado un bochornoso espectáculo.