Kioto

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

05 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS DESERCIONES pueden acabar con el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, firmado en 1997 y suscrito por 120 países. La decisión de Bush hace dos años de que EE.UU. lo abandonase significó una herida que muchos consideraron mortal. La determinación ahora de Rusia de no ratificarlo es otro paso más en el camino del acuerdo hacia el cementerio. Lo cual sería un triste destino para la más creíble respuesta internacional surgida ante el calentamiento de la Tierra. Llama la atención que el mayor desprecio provenga justamente de las naciones que acumulan más conocimiento científico sobre la situación, siendo, a la vez, las que más la agravan. El Protocolo de Kioto pretende someter a control las emisiones de gases responsables del efecto invernadero, que suponen ya concentraciones atmosféricas muy altas. Cumplir con estos acuerdos no sería, por lo tanto, más que aplicar el sentido común a la supervivencia de nuestro planeta. Sin embargo, la realidad demuestra que el mundo sigue siendo unipolar y que, como publicó The New York Times , «la batalla contra el calentamiento nunca se dará de verdad a menos que entre en ella Estados Unidos». Así de dependientes seguimos.