PARECE EVIDENTE. Lo de Bruselas, el cerrarse en banda del presidente francés a toda alternativa que no fuera negarse a España y Polonia, ha sido un ajuste de cuentas. Se activa el Tratado de Niza y el Constitucional se aplaza, como poco, a Dublín. La contundencia de Chirac tiene todo un componente formal de revancha por la cuestión de Irak -otra ya con la detención de Sadam-, al haberse ido la diplomacia española de la órbita secular de Francia: constante desde la Guerra de Sucesión. Entraba el sábado en el mismo paquete lo de Polonia, por su proamericanismo, con el que busca zafarse de la no menos secular pinza germano-rusa. Rancios problemas de siempre afloran en las cosas novísimas de ahora. Desde la entronización de los Borbones, Francia ha palanqueado con capacidades críticas sobre la política española en el norte de África. Lo último fue lo de Perejil: vetó Chirac el apoyo de la UE a España. ¿Determinó ello la deriva diplomática española hacia Washington? También parece evidente que sí. Tanto como que el alineamiento de España con EE.?UU. y el Reino Unido ha traído el plante franco-alemán. Además de eso, Chirac descuenta la retirada de Aznar. Hay un síndrome de rechazo del presidente francés al presidente de Gobierno español: cedería a Chirac a quien viniera detrás, pero no con Aznar. De otro punto, el modelo europeo proalemán implica el reconocimiento de Francia como potencia de segundo orden. Irak fue el desencadenante de esta crisis de Europa. Vamos a ver ahora qué capítulo abre y cuál cierra la captura en Tikrit de Sadam. Puede acabar la posguerra y relanzar las posibilidades electorales del presidente Bush. Sería gran noticia también para sus aliados, y un pésimo augurio para los otros protagonistas de la crisis atlántica, con su último episodio Chirac-Aznar en la cumbre de Bruselas.