NATURALMENTE, cada partido ha hecho la interpretación que le ha convenido del discurso del Rey. Tengo para mí que su mayor interés viene dado porque el peso de la corona ha hecho que don Juan Carlos, al dirigirse a la ciudadanía, tuviera los pies bien anclados en el suelo. Pisando la misma tierra que los españoles que mayoritariamente tienen algunas o muchas dificultades para llegar a fin de mes, o que esos jóvenes vascos que según el Sociómetro del Gobierno de Vitoria no dan aprobado a ningún partido ni a ningún político. Si hubiera seguido la tónica de los líderes de los españoles, el monarca nos habría dado un hartazgo de Constitución, o más bien de constituciones, dado que además de la nuestra también la europea está en litigio. Se limitó a dar unas pinceladas sobre el asunto, quizá sin otro exceso que vincular la carta magna a la estabilidad, que es concepto patrimonializado -que se dice ahora- por el ejecutivo Aznar. Y nada más: el resto fue hablar de discapacitados, de los menores y mujeres que padecen malos tratos, de inmigrantes, y entre otros temas del medio ambiente, aunque éste solamente lo relacionó con los incendios forestales que hemos padecido y no con las secuelas del Prestige , carencia oratoria que no se comprende muy bien en quien ha demostrado tan grande interés por la Galicia que él y su familia han visitado tantas veces en los últimos meses. En definitiva, en el discurso del Rey se refleja de mejor manera la preocupación de los españoles, los intereses de los ciudadanos que en los discursos de nuestros políticos monotemáticos, que apenas hablan de otra cosa en los últimos tiempos que de las constituciones y los estatutos, y también de los fracasos de los demás y de cuando en vez de los logros propios. Después del discurso, han venido las valoraciones que del mismo hacen los políticos, y lamentablemente no parece que hayan aprendido. Lástima: aunque sin corona, les vendría bien tener asentados los pies en el suelo.