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05 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTE AÑO se cumple el cincuentenario de los paseos melancólicos y desencantados de Álvaro Cunqueiro por su Mondoñedo natal, mientras se desataba en su mente y fluía de su pluma la magistral obra titulada Merlín e familia . Cada vez que recorro las rúas medievales de esta ciudad encantada no puedo evitar un escalofrío al imaginar la soledad del escritor, entonces por los 43 años de edad, tratando de redimirse de un zafio entorno español mediante la literatura. La tenacidad con la que escribía, incluso en períodos de gran desánimo, contradice a quienes tildan su obra de ocasional o desordenada. Acudan a Mondoñedo e imagínenlo allí, dotado de una capacidad narrativa incomparable, tratando de encaramarse a sus sueños para sobreponerse a la sordidez intelectual de España entera. Merlín e familia fue un tratamiento de choque, un esfuerzo supremo por dignificarse literariamente y por dignificar un idioma propio y acorralado. Cuando la terminó, en 1954 (se publicó en 1955), estaba orgulloso y, en una carta a su amigo Fernández del Riego, le decía lo que era para él: «Si me é permitido dicilo, unha pequena obra maestra». Hoy somos multitud los que pensamos que es una obra maestra incomparable. E insuperable.