El enigma de la tercera barca

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

SIRO

07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

TERMINÓ EL 2003, para los gallegos el año del Prestige . No podré nunca olvidar aquél día en Sevilla, cuando iba a pronunciar una conferencia y, antes de empezar, cerca de doscientos universitarios se pusieron de pie para promover un sonoro y prolongado aplauso en solidaridad con Galicia. Sentí como nunca lo habría hecho la emoción de mi tierra. Y me conmoví. Tampoco olvido tantos correos que recibí de tantos países en los que los profesores firmantes sustituyeron el ¡feliz año! por el ¡nunca máis! Me pareció asistir a una catarsis universal, una cadena mundial de solidaridad. El Prestige trajo a Galicia -además de sus efectos negativos- un prestigio nuevo, porque lo que pasó tenía muchas lecturas y muchos significados. Una región, un pueblo, que tenía fama de indolente, sometido, carente de iniciativa, ofreció un ejemplo de coraje y unión ante la adversidad. Una acción heroica, materializada en un grito colectivo: ¡Nunca mais! Lástima que la manipulación política hizo que la conciencia ecológica colectiva quedase ahogada, no por el mar, sino por la utilización partidaria. Tampoco el empuje de la iniciativa tuvo mejor suerte: la estrategia subvencionadora sustituyó la fuerza de las ideas, el impulso asociativo. La fórmula cemento-subvención se impuso una vez más a su alternativa: conocimiento-innovación. El modelo irlandés quedó varado, como la barca de piedra en el altar itolátrico más representativo de la Costa da Morte, desde donde la diosa Bran enviaba las almas de los muertos hacia el confín marítimo del mundo. Pero esta vez la barca no era de piedra, ni el contenido era anímico; más bien fue una escenificación de la avaricia, de la codicia, del egoísmo, de la irreflexión, de esas notas que componen el triste concierto globalizador. Ahora se inicia el 2004 y entra en la escena lo segunda barca de piedra, la que trajo al Apóstol sobre el mar según la mitología cristiana. Es éste el último año santo de la serie corta (92-99-04), el tercer Xacobeo, una operación de márketing que aportó a Galicia un valor incalculable, susceptible todavía de profundizar en su transcendencia, en sus oportunidades, y en sus valoraciones. El primer Xacobeo llevó por el Camino reinventado una imagen de prestigio de Galicia, sustituto de aquel país periférico, rural y subdesarrollado de los años ochenta. Nunca, en tiempos modernos, una realidad virtual -la de la tumba apostólica- hizo del mito verdad. En el mundo de hoy tres son las señas de identidad de Galicia: Inditex, el Camino de Santiago y el Nunca Máis. La iniciativa personal, la cultura y la conciencia medioambiental se simbolizan en ellas. Y también en ellas deberá apoyarse nuestro modelo de desarrollo para el futuro. El Camino de Santiago está mostrando al mundo una senda iniciática-religiosa que incide en una visión humanista de nuestra época. Frente al materialismo capitalista, en un mundo ensordecido, agobiado, donde la muerte de los valores humanos nos hace asistir cada día a un funeral social, el Camino transmite una visión más transcendente, más permanente, y por eso más cercano. Hace falta esto para poner al hombre como referente en el centro, desplazando a su sitio el principio de mercado, de competitividad, de dictadura global. El que esto se produzca es tan milagroso como la flotación de las dos barcas de piedra de la mitología celta. Pero nos queda aún la tercera barca de piedra, lo de San Andrés de Teixido, del cargamento apostólico que tuvo menos éxito que el anterior. Esto mismo nos enseña cómo la historia, con letra pequeña, está hecha de casualidades, de oportunidades, de símbolos, tanto como de realidades materiales. La tercera barca de piedra parece quedar varada hasta el 2005, de seguir el orden lógico y cronológico anterior. No me atrevo aún a desvelar su significado, porque aún no lo llego a intuir. Entre los ritos de la fecundidad, los cultos anímicos, la peregrinación post-mortem, la reencarnación y los hechizos namoradeiros hay que buscar los símbolos, su significado, para hacer un augurio. Pero, por ahora, al menos para mí, la tercera barca de piedra, la que más cerca mira a Irlanda, no es más que un símbolo esotérico. Algún día podría dejar de serlo. ¿Será en el 2005? No tengo aún la respuesta. Como con el séptimo sello apocalíptico, la tercera barca de piedra aún no desveló su secreto. Desde que España se involucró en los ataques a Irak, he oído hablar en numerosas ocasiones sobre la oposición de la sociedad española. Yo no creo que la mayoría de los españoles estuviese realmente en contra de estos ataques; simplemente quedamos bien diciendo «no a la guerra», igual que decir que uno es demócrata, tolerante, pacifista o que le gusta leer. Pero cuando podemos hacer algo, quizá lo único por evitarlo, nos olvidamos de los miles de muertos consecuencia de los ataques, de los daños colaterales, de la miseria y la inseguridad en la que vive, ahora más que nunca, la población afectada. Nos olvidamos de los engaños, del rentable negocio que suponen la reconstrucción, el petróleo y la industria armamentística. Y con «lo único que podemos hacer para evitarlo» no me refiero a las casi inútiles manifestaciones, sino a no mantener en el poder a quienes nos embarcan en estas acciones bélicas con falsas promesas de seguridad internacional. No veo esa seguridad, sino al contrario cada vez más violencia y una sociedad más atemorizada y agresiva. La decisión de apoyar los ataques de Irak fue del Gobierno, pero están ahí porque los hemos votado. Lo que está ocurriendo también es responsabilidad nuestra y si estuviésemos realmente en contra, no lo seguiríamos apoyando. Isabel D.G. O Grove. No importan las creencias ni la condición, en el Camino más maravilloso de la tierra están presentes la caridad, la solidaridad, la política, la religión, la sabiduría, la cultura, el conocimiento, el aprendizaje, la enseñanza, la comunicación, el intercambio, la reflexión y la meditación. La riquísima experiencia del Camino no deja indiferente a nadie, cualquiera que sea el motivo que empuje al caminante. Al final la Gracia del Santo, eterno imán de romeros, inspira los cuerpos cansados para el resto de sus vidas. Se os ofrecerán una multitud de sendas escalonadas de descansos, de piedras labradas para reposar cualquier cansancio y repensar, solos o en la compañía de peregrinos prestos a la conversación y a la generosidad. Y como meta la Plaza del Obradoiro marcando el kilómetro infinito de todos los caminos, allí os perderéis, sentiréis en adelante pegado su suelo a vuestros pies; metido en vuestros pulmones su húmedo aire, permaneceréis por siempre rodeados de su esencia y, quien quiera andar un peldaño más, invadidos previamente los sentidos con inigualables monumentos que rinden homenaje a la oración, a la hospitalidad, al gobierno y a la educación, en el sepulcro del Santo Apóstol, remedio de peregrinos, se os otorgarán grandes indulgencias para ser feliz durante toda una vida. A Coruña.