¿Aguantaremos?

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

NO HAY MÁS que ver y escuchar las tertulias de televisión y radio para comprobar cómo se caldea el ambiente electoral en estos primeros compases del nuevo año. Están que muerden y aquí sí que los perros comen carne de perro. La temperatura de las calderas políticas sube grados cada día y amenaza con hacer saltar las válvulas de seguridad si los fogoneros siguen inyectando presión y se empeñan en tapar los aliviaderos durante los dos meses y tres días que nos quedan de una campaña electoral en la que el todo vale será la máxima partidista con tal de alcanzar el poder. A la propuesta socialista de crear agencias tributarias en cada comunidad autónoma y hacer de los tribunales superiores de Justicia la instancia última de los ciudadanos, dejando al Supremo la función de unificar doctrina y quitándole su condición de última instancia de apelación para el conjunto de España, responde el presidente del Gobierno, José María Aznar, que con los planes electorales del PSOE se «rompe el esqueleto del Estado», porque «se empieza por pretender reformar la Constitución; luego el Senado; después se proponen 17 agencias tributarias, una por cada comunidad autónoma; 17 tribunales superiores de Justicia con competencia sobre el Tribunal Supremo y el siguiente paso será la propuesta de otras 17 seguridades sociales». Al tapón ha saltado raudo el diputado, ex ministro y miembro del comité electoral del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, para contestar que «nosotros no queremos otro Estado. Nos basta con éste, el de las autonomías. Lo único que proponemos es su desarrollo, tal y como dice la Constitución». La fiesta ha empezado y los actores salen al escenario para interpretar su papel de protagonista o secundario en una comedia apócrifa en la que los espectadores asisten desconfiados a pesar de que el reparto les adjudica la paternidad del libreto interpretado. En su nombre se dirán demasiadas cosas que no reclaman y se ocultarán otras que sí demandan, en un combate que ojalá no esparza demasiados odios entre demasiados contendientes, porque si no el día después pueden faltar cirujanos para suturar las heridas. De momento, y en los comienzos de un año bisiesto, ya nos ha caído del cielo un pedrusco; esperemos que no sea el augurio de una guerra a pedradas.