La tragedia de Europa

OPINIÓN

13 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

POCO DESPUÉS de que terminase la II Guerra Mundial, Winston Churchill pronunció una conferencia en la Universidad de Zurich sobre la tragedia de Europa , y trató de explicar la contradicción de que en este espacio, «que abarca las regiones más privilegiadas y cultivadas de la tierra», se hayan desarrollado horribles guerras nacionales «que han arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad». ¿Qué había fallado esencialmente para que una Europa cuyos habitantes podrían disfrutar de una felicidad y una prosperidad sin límites, se encontrasen estupefactos removiendo sus ruinas y padeciendo hambrunas y tormentos sin cuento? La respuesta del gran líder británico fue rotunda: hay un remedio eficaz para conjurar esos males e impedir que se repitan, y este remedio eficaz «es volver a crear la familia europea», dotada de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Para ello, dijo, «tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa», porque «sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena». Han pasado 58 años desde entonces, se ha construido la Unión Europea, se ha creado un espacio de prosperidad y de desarrollo equilibrado sin igual y nos preparamos para dotarnos de una Constitución común. Sin embargo, la idea de familia, a la que se refería Churchill, ha empezado a declinar visiblemente, sometida al aparente pragmatismo de unos líderes carentes de impulso y de grandeza. Ni se manifiesta alegría por la incorporación de los nuevos Estados, ni se presenta un horizonte de ambiciones y esperanzas compartidas. Por el contrario, hay dirigentes que parecen hastiados de algunos de sus parientes y buscan la manera de crear subgrupos de entendimiento desde los que controlar o marginar al resto. Lamentable voluntad perceptible en Chirac y en Schröder, quienes deberían ser los motores de la UE. Europa no debería vivir más tragedias, y hoy sería una tragedia que se produjese una descomposición familiar que truncase el proyecto común, la vocación unitaria y el destino de referencia mundial.