EL EJE franco-alemán está llamado a seguir siendo el motor de la Unión Europea, aunque no del modo prepotente y amenazador que quiere inaugurar. Es una realidad que sólo parecen ignorar los poco lúcidos líderes de Francia y Alemania que, inexplicablemente, consideran una derrota todo lo que no se ajusta a sus caprichos o no se somete a su voluntad. Lo cual nos sitúa en un mal camino. Porque es verdad que sin su concurso no habría impulso suficiente para seguir con la construcción europea. Quizá ha llegado la hora de que los demás países europeos hagan un ejercicio de comprensión para, entre todos, recuperar las buenas formas. Este ejercicio tiene que empezar por admitir que ni Francia ni Alemania se pueden sentir muy a gusto después de fracasar en el intento de evitar la guerra de Irak, con sus socios desertando de las posiciones del eje para correr a secundar a Estados Unidos. Hasta ahora los socios nunca se les habían desmandado de un modo tan desconsiderado, ni habían dejado a París y a Berlín tan desasistidos de liderazgo. Es algo difícil de digerir por lo que tiene de incapacidad para comparecer como un poder real en un mundo multipolar. La siguiente derrota sobrevino en la cumbre de Bruselas en la que no se aprobó la Constitución europea surgida de la Convención. La oposición de España y sobre todo la resistencia numantina de Polonia han sacado de sus casillas a unos líderes que antaño han sabido mostrar más capacidad de iniciativa y de seducción, es decir, más habilidad. Con una lamentable miopía, el presidente francés y el canciller alemán creen que se les están subiendo a las barbas unos europeístas tardíos que no tienen vocación de configurar un polo autónomo de irradiación universal, capaz de contrarrestar los efectos de la existencia de una única superpotencia. Y se equivocan. Hasta Winston Churchill sorprendió a todos, un año después de terminar la II Guerra Mundial, cuando afirmó que no podía haber un renacimiento de Europa sin una Francia y una Alemania grandes espiritualmente. Pues bien, ahora tampoco. ¿Cuánto tardarán en darse cuenta todos, y sobre todo franceses y alemanes, de que es así? La derrotada por su torpeza es la UE.