Hablar con ETA

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

27 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

SEAMOS serios. Hablar con ETA no es pecado. Verle la cara a los asesinos no es un delito. Entrevistarse con la cúpula etarra no es ningún despropósito. Nada es estéril, con una única condición. Que la entrevista sirva exclusivamente para preguntarles cuándo entregan las armas y cuándo se entregan los que tienen la vida manchada de sangre. Y para advertirles que su tiempo ya ha finalizado y que sólo les queda un camino. El que, precisamente, se niegan a seguir. Pero nada de esto parece haber hecho el conseller en cap Josep Lluis Carod Rovira en su encuentro con la cúpula terrorista en el sur de Francia. Más bien al contrario. Les solicitó trato especial para Cataluña a cambio de apoyo a sus reivindicaciones independentistas. Y lo hizo, además, sin el conocimiento de Pascual Maragall, ni el de los responsables de ERC. No ha sido desleal Carod Rovira. Ni inexperto. Ha sido impresentable e injustificable su actuación. Indigna de un político con responsabilidades de gobierno. Impropia de un dirigente con una trayectoria democrática y pacífica que contribuyó sobremanera a acabar con el terrorismo de Terra Lliure. Carod nos ha sorprendido con una boutade indecorosa, ruin y despreciable. Porque ha tratado de sacar partida, a hurtadillas, con nocturnidad y alevosía, de una banda de asesinos cuyo único objetivo es acabar con todo y con todos. Y él, irresponsablemente, les ha entrado al juego poniéndose de rodillas y tratando de obtener contrapartidas. Y dándoles oxígeno cuando están más asediados. El ya ex- conseller en cap no sólo ha quedado descalificado como cargo público de la Generalitat. Queda desautorizado como catalán y como español. Y lo que es peor, desacreditado como ciudadano y como demócrata.