PARA MÍ que Manuel Fraga encuentra charcos en su camino incluso cuando no llueve. Aún chapotea en el de Toques y ya entra en el de Xinzo de Limia. Ahora defiende la presencia en las listas al Senado del alcalde que en su día fue inhabilitado, y que ya ha cumplido con la Justicia. Pero la política no es solamente la Ley y tiene otras exigencias. Muchas veces es más rigurosa que la ley misma con aquellos que quieren ostentar cargos públicos. Si Fraga complica y se complica las cosas, el caso Carod Rovira amenaza con llegar a unos extremos inimaginables. Sobre todo si partimos de supuestos tales como el caso de Madrazo, el hombre de IU en Euskadi, capaz de acusar a José María Aznar de los atentados que pueda cometer ETA, por no haber detenido a ETA. Y es que una verdad aceptada por muchas gentes de la oposición es que los aparatos de inteligencia o policiales tuvieron a mano a los etarras y no quisieron llevarlos al caldero. Es casi tan ruin la sospecha -al menos hasta que la fundamenten- como ruin sería la confirmación de esa hipótesis. Y es que en el conflicto suscitado por el secretario general de ERC se ha olvidado el condicional. Nada se plantea partiendo de que pudo pasar esto o lo otro. Todo se da por bueno. Al que le convino se creyó a pies juntillas que Carod Rovira negoció con ETA para salvar la piel a los catalanes, y al resto que le dieran mate. Al que le resultó bien aceptó como normal que lo que era un cese fulminante en el Gobierno catalán, se convirtiera en una reconvención, restándole Maragall algunas competencias a Rovira pero dejándole a su lado como musa inspiradora de Dios sabe qué. Con el cierre teatral de Rovira, yéndose porque le daba la real gana, como antes parece que no le dio la real gana cesar. De los parlamentos pasamos a las fiscalías y de las jugadas políticas a gravísimas acusaciones. Terminaremos por dudar de aquel que apostaba porque los locos anduvieran sueltos, en el medio y medio de la sociedad.