VISTO EL FINAL del caso Prestige, creo que faltan pocos días para que la Xunta anuncie que a Sandra Camoiras le ha tocado la lotería, y que, gracias a los excesos cometidos por un alcalde viejo y verde, la misma chica que hizo de víctima en los primeros capítulos de este drama, va a acabar su historia convertida en una mujer famosa, a la que no le van a faltar oportunidades para estudiar, aprender inglés y emplearse en la Xunta. Por absurdo que pueda parecerles, verán que hay un asombroso paralelismo entre la marea negra que asoló el Finisterre y esta ola de sexismo que invade Toques. Y por eso cabe temer que, igual que sucedió en Muxía, también los vecinos de Toques se vuelquen en las urnas a favor del PP, a ver si les premian con la construcción de un parador de turismo junto al monasterio de San Antolín. Igual que en el caso Prestige, lo primero que hizo Fraga fue negar la evidencia: «No hay motivos para intervenir», «esto son menudencias», «el alcalde no tendrá un nuevo mandato porque está viejo». A la víctima ni siquiera la mencionó, y, siguiendo el mismo guión de entonces, también esta vez se metió en el despacho para, «mentras outros falan e falan», trabajar por Galicia. Después, cuando el chapapote llegó a todos los medios de comunicación de España, empezaron a decirnos que no habíamos entendido al presidente, y que, lejos de quitarle hierro al asunto, las palabras de Fraga constituían una inimitable guía de principios morales e intenciones políticas. El tercer paso fue, como en la tragedia del Prestige , buscar chivos expiatorios. Y, de la misma manera que liquidaron a Pepe Cuiña, arremetieron ahora contra los concelleiros de Toques, mientras las balas silbaban en torno a la cabeza de un Jesús Palmou que se vió obligado a nadar a dos aguas, entre la tosca reacción de Fraga y las mínimas exigencias de la decencia política. La cuarta etapa estuvo dedicada a aprovecharse de Carod-Rovira como si fuese un voluntario, para meter el chapapote sexista debajo de la arena y dar la sensación de que todo estaba reluciente. Por último, tan pronto como cedió la marea negra, el propio Fraga llamó a la conselleira de Familia para que elaborase un Plan Galicia II, especial para Sandra Camoiras, y que, de la misma forma que Aznar se plantó en María Pita con un AVE por aquí y un puerto por allá, también a Sandra se le ofrezcan vestidos de Vitorio&Luchino, un deportivo rojo, y ampliar sus estudios en Oxford. Lo único que falta es que Sandra se calle, y que todo el pueblo de Toques, eternamente agradecido, vote entusiasmado al PP. Porque, cuando el gobierno se confunde con la beneficencia, las desgracias se parecen a la lotería.