El Centro Nacional de Inteligencia

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

03 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

TODO lo que está pasando con el CNI en esta precampaña electoral que nos ha tocado vivir reafirma la teoría del rumor, por la cual una realidad muy hipotética se convierte en verdad incuestionable al pasar de boca en boca. El proceso ha sido el siguiente: el presidente de la Generalitat en funciones, José Luis Carod-Rovira, se entrevista clandestinamente con unos terroristas buscados por la Justicia. Quince días más tarde, un medio de comunicación se entera del hecho y lo publica. Gran escándalo nacional que afecta muy directamente al PSOE. Hay que salir como sea del entuerto. Hay que desviar la atención, trazar una estrategia de dispersión, y se traza: el problema no es la reunión con los terroristas, el problema es la filtración de la noticia. ¿Cómo se ha enterado la prensa? Se lanza el rumor: posiblemente ha sido el Centro Nacional de Inteligencia que estaba siguiendo a los etarras y durante este seguimiento se encontró con la reunión ETA-Generalitat. Podría ser que, en lugar de detener a los etarras, prefiriese que se celebrara la reunión para así tener la noticia del encuentro. Es más, sería posible que el propio CNI propiciara la reunión para desprestigiar al Gobierno tripartito de la Generalitat. Posiblemente, sigue el rumor, el CNI elaboró un informe de los supersecretos, se lo pasó al Gobierno y el Gobierno central lo filtró a la prensa. El Gobierno es culpable. No importa que todo el rumor no tenga base real o que no exista la más mínima evidencia de que esto sea así. Muchos desean creerlo así. Lo dice Zapatero, lo dice Felipe González, lo dice Carod-Rovira, lo dice Llamazares. Se insiste en que las hipótesis son la realidad y el que quiera que demuestre lo contrario. Así, a medida que pasa de declaración en declaración y de medio en medio, la hipótesis se ha convertido en verdad incuestionable. A partir de ahí se anuncian recursos judiciales contra el Gobierno por uso indebido de información del CNI, recursos contra el CNI por incumplimiento de funciones. Se acusa al Gobierno de no querer detener a los terroristas que se reunieron con la Generalitat. La espiral de la sinrazón se hace cada vez más amplia. El portavoz del Gobierno es sometido una y otra vez a la pregunta de si va a investigar la filtración del informe del CNI y si se van a depurar responsabilidades entre los directivos de este organismo por el escape informativo. Es decir, ya no se cuestiona si la noticia del encuentro salió del CNI o no, sino que se piden cabezas y responsabilidades políticas por un hecho no probado ni demostrado. Si el portavoz insiste en que no hay ninguna evidencia de un informe del CNI filtrado es que quiere ocultar algo. Se da por supuesto, sin ninguna duda, de que todo ha ocurrido como decía el rumor inicial, pero sin ninguna base documental ni probatoria. Otro paso más: se pide que el Gobierno comparezca ante el disuelto Congreso para explicar la actuación del CNI en el encuentro ETA-Generalitat. La prueba recae una vez más sobre el acusado. No se trata de que el acusador demuestre su acusación, se trata de obligar al acusado a que demuestre su inocencia. Zapatero casi consigue su objetivo: el problema ya no sería que Carod-Rovira, como miembro de un Gobierno tripartito con el PSOE en la Generalitat, se entreviste con los terroristas; el problema pasa a ser la noticia de ese encuentro; la culpa es de quien da la información: que se lo pregunten a Galindo, García Damborenea, Julián Sancristóbal...