UN GRUPO de directores de cine se han mancomunado para hacer un largometraje en el que criticarán todo lo que de malo haya hecho el Gobierno. Otras gentes del cine, en algunos casos coincidentes con los anteriores, se han mancomunado para criticar de forma ácida a las víctimas del terrorismo y para denunciar que la ministra de Cultura se parase a saludarlas el pasado sábado, con motivo de la gala de los Goya. Ninguno de los anteriormente citados ha dicho una sola palabra del siguiente caso. Por si aún no lo conocen, se lo cuento. Iñaki Arteta es un excelente realizador vasco. Es el autor de un documental excepcional: Sin Libertad , que ha obtenido decenas de premios y que aquí, por desgracia, no ha visto la inmensa mayoría de la gente. Arteta trabajaba como eventual en la Diputación de Vizcaya, controlada por el PNV, cuando hacía este reportaje. Una vez concluido el documental y obtenidos los premios, la Diputación de Vizcaya, siempre controlada por el PNV, ha decidido poner en la calle a Iñaki Arteta. Hay más. El grupo terrorista que ha asesinado a casi mil personas en 30 años, decidió durante un tiempo atacar lo que llamaban intereses franceses. Quemaron con saña concesionarios de coches franceses, dejaron ciega y sin manos a una mujer que regentaba en Zarautzun un concesionario de Renault, boicotearon -ésta era la palabra que ellos empleaban- marcas de Pacharán, prendas de vestir, etc. Por esta campaña, el Festival de Cine de San Sebastián estuvo durante años sin proyectar ni una sola película francesa. No vi en aquellos años ninguna pegatina que denunciara aquel atropello para los directores franceses, para los espectadores españoles y, entiendo yo, para todas las gentes del cine. En pleno Festival de San Sebastián, o en las fechas inmediatamente anteriores, se han producido asesinatos de policías y atentados contra gentes tan significativas como José Ramón Recalde, referente ético y político de la izquierda vasca durante años. No se ha registrado el más leve gesto de protesta por ninguno de los mancomunados. No puedo desvelar, por obligatoria discreción, los nombres de los directores de cine a los que se les ha propuesto hacer una película sobre una de las mil historias reales provocadas por el terrorismo y que podrían ser llevadas a la pantalla, rebajándoles las aristas claro, pues ya se sabe que no hay nada tan insoportable como la realidad. Ninguno de ellos ha aceptado, alegando motivos distintos. Esas treinta personas del cine dispuestas a filmar su ira contra el Gobierno reclaman que su obra sea difundida por TVE o de lo contrario, sostienen, se comprobará que las cosas están aún peor de lo que ellos mismos creen. No sé. Quizá son demasiado presuntuosos. Es como si uno escribe un libro, y como no hay editorial que se lo publique, se pone a bramar contra el imperialismo editorial. Estas gentes, ¿cómo pueden arremeter contra las víctimas del terrorismo, diciendo que estamos en fase «refranquista»? Hace falta tener muy mala fe para meterse contra ellas, máxime si antes, en la mayoría de los casos, no se ha dicho una sola palabra contra sus asesinos. ¿Cómo es posible que una dictadura que tiene sometida a la población de la Comunidad Autónoma vasca, que tiene el calendario agujereado de muertos, que trata de imponer la clandestinidad a sus disidentes, no provoque una verdadera insurrección política, artística, de gestos y hechos, por partes de las gentes, todas, del cine?