El milagro coruñés

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ASISTÍA a una reunión científica en Oviedo a la que me habían invitado. Cuando llegué iniciaba su intervención el director de una importante agencia europea de desarrollo regional. Y decía así: «Si hay una ciudad media de un región periférica europea donde reside la sede de una de las multinacionales que lideran una rama del sistema productivo global, también nosotros podemos aspirar a ocupar esa posición, pero para ello hemos de diseñar nuestro modelo. Lo estamos haciendo basándonos en la sinergia universidad-empresa y haciendo hincapié en los intangibles». Logicamente pregunté a mi colega más próximo cuál era esa ciudad que ponía como modelo, y cual sería mi sorpresa al comprobar que se refería a la mía, a La Coruña (sin eñe porque hablaba en inglés). El pasado viernes tomaba un café en Madrid con un experto internacional en temas de desarrollo urbano, muy buen amigo mío, y me decía: «La Coruña puede llegar a convertirse en una de las ciudades de excelencia terciara en el ámbito de la innovación, máxime ahora que Barcelona ha perdido tantas posiciones». Y añadía: «Pero hace falta un buen proyecto». Como coruñés me sentí halagado, y uní en la memoria ambas referencias. Naturalmente, el factor desencadenante de las dos valoraciones era Inditex, y en ambas se hacía un trasvase de la excelencia empresarial al sistema productivo metropolitano que la sustentaba, concebido como un sistema innovador y por eso competitivo. Podrían hacerse muchas matizaciones, pero yo me dejé llevar por ese sentido de pertenencia que todos tenemos y me sentí robustecido. Después, en el avión que me conducía a Lavacolla, dejé vagar mi imaginación para contrarrestar así los continuos balanceos de la borrasca, e hice el siguiente recuento. Por su población, la aglomeración urbana coruñesa ocupa el puesto quince o dieciséis de las españolas, pero por su valoración cualitativa su rango es mucho mayor. Veamos. Es sede de una multinacional de excelencia, es sede de la cuarta o quinta entidad financiera de ahorro en España, de la quinta empresa de comunicación, de la segunda o tercera empresa inmobiliaria, del quinto o sexto puerto marítimo, y de otras organizaciones o empresas que ocupan puestos destacados, sin olvidar su condición de bastión numantino ante la imparable concentración bancaria. Y seguí con el recuento: sus servicios sanitarios son punteros a nivel nacional en algunas especialidades; en el campo cultural español tiene la primera o la segunda mejor orquesta sinfónica, uno de los principales festivales de música (el Mozart ), y las exposiciones de la Fundación Barrié figuran entre las mejores del país. Tiene, además, uno de los pocos teatros oficiales de ópera (que se duplicará en la Ciudad de la Cultura) y su red de museos científicos es paradigmática, sirviendo de inspiración a muchas otras ciudades (Pamplona, San Sebastián y sobre todo Valencia). También tiene uno de los mejores equipos de fútbol europeos, el Dépor, eficaz vehículo de promoción de la ciudad en todo el mundo y lo mismo ocurre en algún deporte minoritario. En este arrobamiento chauvinista estaba cuando un brusco inicio del aterrizaje rompió mi ensimismamiento localista. Tal vez como iba por las nubes me había elevado un poco de la realidad. Lo malo fue que al tomar tierra seguía pensando lo mismo, aunque con una visión menos excelsa. No hay duda de que podemos hablar del milagro coruñés . Al menos fuera de aquí se habla de eso, aunque sea con otras palabras. Lo indiscutible es que resulta sorprendente que una ciudad secundaria por su tamaño pueda haber desarrollado un sistema urbano local tan competitivo. Y más con una posición geográfica periférica y en una región que no destaca por ser innovadora, ni por ser un centro de excelencia en tecnología y conocimiento. Y no es que no lo pueda ser (algunas evidencias ya existen), porque, como dijo el conferenciante, si La Coruña lo alcanzó, ¿por qué nosotros no?