TODOS RECORDAMOS con horror el monstruoso atentado ocurrido en la isla indonesia de Bali, en octubre del 2002, en el que murieron más de 200 turistas, la mayoría australinos, que disfrutaban de sus vacaciones en una sala de fiestas. Ahora, poco más de un año después, se acaba de reunir una gran conferencia de países interesados en la lucha contra el terrorismo global, que hoy aparece aquí y mañana, en Casablanca, en Irak o en Estados Unidos, dispuestos a producir el mayor daño posible no importa a quién. La conferencia ha estado auspiciada por los gobiernos de Australia e Indonesia, que precisamente unos años antes estuvieron en bandos opuestos por la liberación de Timor. La presidenta de Indonesia, Megawi Sukarnoputri informó sobre la red de células terroristas involucradas en el atentado de Bali. Animó a europeos, norteamericanos y asiáticos a luchar coordinadamente contra el terrorismo global, cuya red se extiende por todo el mundo. Por su parte, el ministro de Exteriores australiano afirmó que, puesto que se pueden esperar nuevos ataques terroristas, se deben tener las contramedidas preparadas. Por ello anunció la apertura de un centro de prevención de atentados en Yakarta que servirá para unir los esfuerzos de los países interesados en la lucha contra el terrorismo global. Iniciativas como esta vienen a demostrar que el mundo del siglo XXI en que vivimos, con una sociedad globalizada, padece agresiones a su seguridad en todos los niveles; en el individual, en el local, en el regional y en el mundial. Por eso, el terrorismo como fenómeno social se ha extendido adquiriendo la dimensión global. Esta conferencia internacional de Bali lo demuestra. Veremos cómo pasan de los buenos deseos a la acción. Por lo de pronto, acaba de producirse un ataque bioterrorista con ricino en el Congreso de los EE.?UU. que ha puesto en alerta máxima a toda la seguridad norteamericana.