La fábula

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

18 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ILUMINADO por cualquiera sabe qué rayo jupiterino, Carod-Rovira se creyó capaz de llevar a sus espaldas a los terroristas de ETA por las aguas profundas y procelosas que separan el crimen del diálogo, y al final, como el escorpión de la fábula que contaba hace unas horas Rodríguez Ibarra, que acabó picando a la rana a cuyos lomos atravesaba también unas aguas, el ex conseller en cap ha acabado ahogado. «Es mi carácter», le explicaba el escorpión a la rana antes de ahogarse él y de morir envenenada ella. La diferencia con la fábula que contó el presidente extremeño es que el escorpión etarra no se ahoga, ni siquiera en la sangre inocente que derrama, sino que por las torpezas de unos, las ambiciones de otros, los errores de algunos, la ambigüedad de no pocos, la complicidad de unos cuantos y la traición de Carod-Rovira, encuentra oxígeno incluso en sus peores momentos. En este caso el escorpión se salva, pero la rana no. ¡Pobre Carod-Rovira, que de conseller en cap se convirtió en rana!