Parejas de hecho y natalidad

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

BOUZA

TENGO UNOS AMIGOS, ella y él, que se han constituido en pareja de hecho a todos los efectos. No quieren ningún papel, ninguna relación jurídica. Ninguno de los dos tiene problemas o impedimentos para estar casados por la vía del derecho. Pero por más que se les insista no quieren dejar de ser pareja de hecho, de momento. Está claro que en estos momentos en España casi no existe ninguna situación jurídico-administrativa que impida a dos personas, él y ella, ser pareja de derecho o matrimonio legal, con las típicas excepciones del parentesco y de que no mantengan otros vínculos jurídicos anteriores. Por lo tanto, la legislación sobre parejas de hecho que está proliferando en algunos parlamentos autonómicos, incluso el de Galicia, no parece que vaya dirigida a legalizar este tipo de situaciones. Por lo tanto, debemos concluir que el proyecto de ley de parejas de hecho que el Parlamento gallego está tramitando con la unanimidad de los grupos parlamentarios tiene la única finalidad de hacer posibles y legales las uniones afectivas homosexuales. Según el proyecto, estas uniones, con independencia de la orientación sexual, tiene que ser afectivas, iguales a los de los matrimonios. No vale que las dos personas del mismo sexo vivan en la misma casa y compartan la vida, tiene que haber afectividad. Si hay esta afectividad, se inscriben como tales en un registro oficial y ya pasan a tener los derechos que se les reconoce a un matrimonio; es decir, si muere el que trabaja le queda una pensión al que no trabaja, hereda sus bienes, etcétera. Si la pareja que vive bajo el mismo techo y comparten la vida son hermanas, por ejemplo, sin vida afectiva tipo matrimonio, no existe la más mínima posibilidad de le quede pensión a la que no trabaja. En definitiva, el Parlamento gallego quiere aprobar una ley que permita, legalice o promueva las uniones afectivas homosexuales, porque consideran que es un fenómeno social creciente y real. La mejor manera que han encontrado todos nuestros parlamentarios autonómicos de lograr un aumento de la natalidad en Galicia es favorecer las uniones homosexuales. Ha sido un acuerdo unánime y hay que felicitarlos por ello. Es muy probable que, como Maragall, el paso siguiente sea facilitar las cosas para que puedan adoptar niños. Quizás no sepan que no hay niños para adoptar, que por cada niño adoptable hay cientos de familias normales esperando una adopción. Pero la política tiene estas paradojas. Tengo la impresión de que los parlamentarios gallegos harían una aportación muy útil encargando un estudio que analice las causas sociales por las que se produce un aumento de la homosexualidad; estudiar si es normal este incremento, si estamos ante un fenómeno natural o inducido, y si es bueno que la sociedad tienda cada vez más a este tipo de igualdad sexual. Sería interesante saber si existieron culturas anteriores que llegaron a este nivel evolutivo o si estamos ante un fenómeno único en las culturas mundiales. En definitiva, sería una aportación cultural impresionante saber si la homosexualidad es un problema que debe ser resuelto con un diagnóstico acertado que permita poner los remedios adecuados o si, por el contrario, es un bien social que debe ser favorecido, facilitado y promovido para lograr los necesarios niveles de natalidad, pluralidad y progreso que pide la sociedad actual.