CAROD-ROVIRA no tiene perdón de Dios, y es de esperar que los catalanes lo paren antes de que sea tarde. Y Rodríguez Zapatero no tiene más que una salida digna, que, al exigir una ruptura total entre el PSOE y ERC, supone el fracaso de toda su campaña y el encarrilamiento de Rajoy hacia la mayoría absoluta. ETA, que nunca paga ni a traidores ni a pazguatos, les ha dado el abrazo del oso. Y toda España tiene claro que, para hacer la política antiterrorista que propone el mismo PSOE, no nos queda más camino que el PP. La tregua parcial para Cataluña constituye la aberración más grande de cuantas ensayó ETA en toda su historia, y en modo alguno puede servir para que abramos un nuevo frente xenófobo que, al lado de lo vasco , que muchos españoles rechazan ya sin darse cuenta, se añada también la sospecha contra lo catalán , como si ambas comunidades fuesen la gangrena de España. Pero una cosa es pedir serenidad y prudencia, y exigirle a Aznar que deje de echar gasolina sobre todas las hogueras, y otra muy diferente sería el no reconocer que Carod-Rovira actuó como un aprendiz de brujo que, embriagado por la sensación de poder que le dio la aritmética, acabó trabajando para la derecha más engreída, y dándole racionalidad a la doctrina más plana e inquietante de cuantas se extendieron por España desde la Transición. Para Aznar fue muy importante la implantación de un discurso en el que sólo existen el bien y el mal. Porque, poniéndose él mismo en un extremo, y situando a ETA en el otro, nos obligó a pasar a trollo por encima del pluralismo y las libertades. Pero ETA también parece haber apostado por este esquema dual que, al privarnos de los matices que hacen posible la conviviencia, acaba provocando conflictos internos entre los partidos y las instituciones, y envenenando el juego de la democracia. Lo que nadie entiende es qué hacía Rodríguez Zapatero en esa fiesta de maniqueísmos instrumentales, tratando de ser más aznarista que Aznar y de ganarse la admiración de los que siempre le tendrán por un intruso. Porque, no pudiendo aguantar la espiral de limpieza de sangre en la que hemos entrado, tampoco puede negar que le han sorprendido esta vez en plena tierra de nadie. Por eso está obligado a sacar la espada y actuar en consecuencia. Las mismas políticas que mancharon al PNV y a Eusko Alkartasuna en Lizarra, manchan ahora al PSOE. Y, a poco que apliquemos las recetas extendidas por el Pacto Antiterrorista, no nos queda más remedio que concluir que todo lo que hizo Zapatero en Cataluña es un disparate que tiene que ser inmediatamente rectificado, aunque el precio sea, per modum unius, La Generalitat y la Moncloa. C'est la vie .