Privilegios

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

18 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DESDE el 1 de enero, ser gallego, extremeño o murciano es como una cruz. Y nosotros sin enterarnos. Lo que se lleva es ser catalán. Porque cotiza al alza. Ayer supimos que los asesinos de ETA han decidido privilegiar al pueblo catalán eximiéndolo de sus bárbaras acciones. Es el resultado final de la entrevista mantenida entre la cúpula etarra y Carod-Rovira. Un nuevo mapa del horror al que han decidido quitarle una tajada. Pero, tras la conmoción, vamos a ser serios. Y dejarnos de tarambanas de que el anuncio de la tregua parcial beneficia al PP, debilita al PSOE y facilita a Rajoy la mayoría absoluta. Lo que este anuncio hace es deteriorar la vida política española, descomponer la normalidad democrática y demostrar que los perturbados enmascarados de la banda asesina, en fase terminal, necesitan que les den oxígeno. Y que Carod, ingenua o conscientemente, se lo proporcionó. El comunicado de ETA no tiene desperdicio. Demuestra su mezquindad. Y es un permanente insulto. Porque hierve la sangre escuchar a los asesinos hablar de «respeto, no injerencia y solidaridad». Porque resulta repugnante que se permitan establecer privilegios ante la muerte. Que decidan negociar con algo tan innegociable como es el derecho a la vida. Y porque es inaceptable que se establezcan rangos hasta para ir a la tumba. Lo único provechoso de todo este episodio es saber que todos estamos de acuerdo. En tres puntos básicos: Que lo que tiene que hacer ETA es poner fin a este locura que se prolonga desde hace medio siglo. Que el tripartito catalán ha quedado hecho añicos. Y que Carod-Rovira y Esquerra Republicana de Catalunya no pueden seguir en las instituciones democráticas que tanto trabajo nos costó recuperar. Por pudor y por respeto a los demócratas. Que somos todos, excepto cuatro descerebrados.