EL GRUPO terrorista ETA podrá asesinar a partir de ahora en cualquier parte de España excepto en Cataluña. Este es el éxito triunfal, progresista, solidario, de izquierda, que un político impar -digo, único-, Josep Lluis Carod Rovira, ha conseguido. Ahora se entiende todo, ahora queda claro cuán injustos hemos sido quienes hemos criticado a este hombre, preñado de buena voluntad, por ir a hablar con los criminales en plenas Navidades. Este es el diálogo que quiere ERC, esta es la nueva forma de hacer política, esta es la vía para resolver los problemas, así, así, sin aflojar. Bueno, bromas aparte. Lo cierto es que el grupo terrorista ha vestido su terminal debilidad con el falso manto de la generosidad. ETA no puede asesinar como le gustaría y, en vez de reconocerlo, se adorna con el anuncio de una tregua mediopensionista. Los criminales de ETA han sido detenidos con las manos en la masa en los últimos intentos de matar que han protagonizado y para velar esa impotencia dicen ahora que no matarán en Cataluña. No iban a matar en ningún caso. (La última tregua la declararon también porque se ahogaban, para reorganizarse). ¿Qué consiguen con esta patética declaración los criminales? Pues premiar a quien ha querido sacarlos del aislamiento, vender la mentira de que hablando como ellos quieren se arreglan los problemas y certificar la apertura de un frente nacional, configurado por nacionalistas vascos y nacionalistas catalanes, todos unidos contra el sistema de convivencia constitucional. Pero claro, lo hacen de una forma tan propia de ellos que dicen: matar, pero sólo un poquito; asesinar, pero por orden; tiros en la nuca, pero según el lugar de residencia de la víctima... En definitiva: nos anuncian que se podrá seguir matando judíos, pero a los que se acaba de poner el cartel de alemanes, ni tocarlos. No sé, me imagino que cualquier ciudadano que viva en Cataluña y tenga una pizca de dignidad habrá saltado como un resorte al oír esta barbaridad. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los habitantes de aquella comunidad se habrán sentido heridos, dolidos y humillados. No necesitan a estos salvapatrias. Pero no descarten que habrá gentes, como las que apoyan a Carod, que habrán leído la declaración xenófoba, reaccionaria y criminal de ETA como un gesto de solidaridad entre nacionalistas, como un guiño cómplice entre quienes no deben de pisarse la manguera, como el resultado fructífero de la que ellos, violando las palabras, llaman vía de diálogo. Espero que todos los que nos sacaron la piel a tiras a quienes decíamos que Carod había pactado aquella infamia -no matar en Cataluña- ahora reconozcan cuán equivocados estaban y, sobre todo, no vuelvan a confiar en gente como Carod: profundamente insolidario, completamente reaccionario. En fin, el disparate llega al nivel de caricatura patética cuando los asesinos dicen que su tregua tiene un efecto retroactivo y que no matarán desde primeros de enero pasado, cuando se produjo la reunión entre los criminales y Carod. ¿Qué más barbaridades hacen falta para que todo el mundo, sin excepción, se dé cuenta de que estamos ante una banda que demanda su entrada urgente el frenopático? Hace tiempo que algunos, muy pocos, hemos dicho que ETA estaba en fase terminal gracias, entre otras cosas, a la eficacia de la policía española. La afirmación sigue siendo válida y quienes traten de acercarse ahora, en plan Carod, a los criminales podrán tener un minuto de gloria, pero están condenados a la eternidad de la ignomia.