Sin novedad bajo el sol

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

19 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

CONTENTO me tienen y algo tendría que decir, pero he sido muy bien advertido de que por mi condición de periférico que no sabe estar a la altura de su dignidad de periférico no estoy capacitado para valorar las iniciativas de Carod-Rovira. Cualquier cosa que yo diga no será otra cosa que hacerle el juego y el caldo gordo al medio pelo mesetario y, si tales iniciativas me parecen trapisondas de muy poca inteligencia y de mal futuro, es sencillamente porque, además de ser un flojo en Patria y Nación, no soy Europa, no estoy al loro de la política guay en la que, según me dicen, lo de Carod es tan habitual o trivial que ni se toma nota. Y no se diga más. Vamos con lo que importa: desde Adán y Eva estamos todo el santo día en lo mismo y, cuando creemos topar con alguna novedad, resulta más vieja que la pana. Por ejemplo, las madres de alquiler ya están inventadas por el dios Apolo para consolar y absolver a Orestes de la muerte de su madre, Clitemestra, que previamente había matado a su marido, Agamenón, y aquí sí que tenemos algo de novedad o de poco corriente, y no digo yo que deba cundir y servir de precedente, pero tampoco estaría mal que todos los agamenones que andan por ahí sueltos y de mano ligera supieran bien ¡los muy agamenones! que la parienta se les puede poner clitemestra. El caso es que están en el Areópago juzgando a Orestes, de sexo masculino, sin que importe el género gramatical. Sexo masculino, sexo varón, sexo macho... con licencia para mangas y capirotes, y Apolo, que era nada menos que dios -mucho más que catedrático, alcalde y conselleiro todo junto- le explica al matricida que su madre no fue más que un depósito temporal de una semilla y un brote; lo que importa no es la madre que te parió, sino el padre que te engendró y bla, bla, bla... Y el dios, más listo que un dios, echa mano de su cultura mitológica -¿quién podría saber más Mitología que un dios griego?- y le recuerda a Orestes que Zeus parió de su cabeza a Atenea, que no tuvo que pasar por «las tinieblas de un vientre». Más aún, según Apolo, no habría mujer capaz de parir a Atenea y en eso sí que no hay machismo, sino la más exquisita prudencia femenina, pues Atenea ya nació con armadura, casco, escudo y lanza. Lectora mía que me lees: una vez me dijo una parturienta que acababa de tener la sensación de sacar afuera un armario; ahora imagínate que el armario te viene además embalado con los flejes sueltos. Hizo bien Zeus en parir de arriba y lo de menos es que haya sido con cesárea de un hachazo, pues peor hubiera sido con lista de espera y pasarse doce meses pensando en lo que te aguarda y pasar por el palacio de Hefesto y verlo afilando el hacha. Y sepa el lector que de aquel parto de Zeus nació la moda de peinarse con raya al medio.Y dice Píndaro que Atenea salió gritando ¡Alalá!, lo cual, si no la hace cabalmente céltica, al menos la convierte en diosa «axeitada á nosa realidade».