Quince días prodigiosos

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

YA TENÉIS ahí los carteles. Son los milagros de la política: llevan semanas ahí, en las vallas publicitarias, Rajoy con su cara y su barba enteras, Zapatero cortado por arriba; pero la verdad es que los han pegado anoche. Os lo juro: eran las 12, y los he visto en televisión. Los carteles anteriores eran producto de la imaginación. Pero ahora las fotos son de personajes reales que te miran fijamente a los ojos y sólo te saben decir una cosa: dame tu voto. Tú les puedes hablar, bronquear, rezar y preguntar qué hay de lo tuyo: son los santos de los próximos quince días. Después sólo quedará uno de ellos en la peana. Llevo dos meses escuchándolos todos los días. Me han prometido carreteras y pensiones, inglés y arbolado, bajos impuestos y atención médica. Tendré un Tribunal Supremo a la carta y muchísima España plural. Adiós ríos, adiós penas: me han ofrecido tanto, tan variado, en tanta cantidad y de tal calidad y abundancia, que, gane quien gane, los próximos cuatro años van a ser los más esplendorosos de mi vida. Tan esplendorosos como las playas de Galicia a consecuencia del Prestige , según la visión que tuvo don Federico Trillo desde el aire, después de invadir el paraíso de Perejil. Por eso os confieso que me tienen intrigado: si esta noche ha comenzado la campaña, y no hace dos meses como pensaba, es seguro que no me han ofrecido todavía lo mejor. En estos quince días me sorprenderán con algo magnífico, potente, que anulará para siempre mi proverbial pesimismo. Zapatero es capaz de ponerse de acuerdo consigo mismo sobre si habrá un tipo, dos tipos o tipo y medio en el impuesto de la renta. Cosas más difíciles hemos contemplado. Carod-Rovira hará solemnes proclamaciones contra ETA, como si no hubiera visto un terrorista en su vida. Llamazares asistirá a misa de 12 todos los domingos para tranquilizar a los obispos sobre la enseñanza de religión. Los ministros que se han divorciado en esta Legislatura volverán con sus esposas. ¿Y Rajoy? Bueno, a Rajoy sólo le falta presentarse una mañana en Ajuria Enea, ante Ibarretxe, para demostrar sin decirlo -esas cosas no se dicen- que no tiene el mismo talante que Aznar. Y que después lo interpreten los periodistas. Algo así tienen que hacer para conseguir el ideal de cualquier candidato: mover, seducir, atraer, a esos millones de votantes que, a pesar de los mítines vistos en los telediarios, todavía tienen el descaro de confesar en las encuestas que no saben a quién votar. Me muero de ansiedad por conocer esos nuevos aires de campaña. Porque prometer, lo que se dice prometer, no queda nada por prometer. ¿Qué digo? Lo que no queda es un euro en las arcas del Estado para hacer frente a tanta promesa.