Refuerzos orientales

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

28 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

PARA CUALQUIERA que hubiese vivido en EE. UU. resultaría evidente la diferencia del interés ciudadano por los aliados europeos en el este norteamericano, en comparación con lo que sienten en el oeste por los aliados asiáticos. Tanto es así que para salvar la incomunicación que existía entre estas dos regiones estadounidenses, tan alejadas por tierra y mar, idearon la construcción del famoso Canal de Panamá para unir el Pacífico con el Atlántico. Pues bien, mientras los europeos se enfrentan y cuestionan el Pacto Atlántico, los otros aliados del Pacífico acaban de reunirse en las llamadas «conversaciones de las seis naciones» (China, Japón, las dos Coreas, Rusia y EE. UU.), para debatir en la capital china el programa nuclear de Corea del Norte, a la que se le ofrece una gran ayuda económica a cambio de que renuncie a sus proyectos nucleares. Por otro lado, no puede pasar desapercibida la maniobra estratégica de gran alcance que significa la llegada de refuerzos militares de Japón y Corea del Sur a Irak. Hace dos semanas el Parlamento surcoreano aprobó el envío de 3.500 soldados, lo que será la primera fuerza más poderosa para la reconstrucción después de la guerra. Por su parte, Japón está desplegando por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial un contingente de 600 soldados que se van a situar en las proximidades de la población de Samawa, a orillas del Eúfrates, al sur de Bagdad. Estos movimientos estratégicos son tan importantes porque significan el desplazamiento del interés mundial, antes centrado en el Atlántico europeo, a la zona del Pacífico asiático, donde emergen potencias como China, Japón y Corea del Sur. Tanto los rusos como los norteamericanos ponen en esta región del Pacífico Norte su máxima atención, por el desarrollo económico y militar que están teniendo los países asiáticos.