ETA en la campaña

OPINIÓN

29 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL AFÁN de ETA por participar en las próximas elecciones, condicionándolas tanto como sea posible, no parece tener límite. Con sus revelaciones sobre el encuentro con Carod-Rovira hizo el primer intento de apropiarse de la agenda. Con la masacre que preparaba en Madrid, el salto cualitativo iba a ser evidente. La captura ayer en Cuenca de la furgoneta en que los terroristas trasladaban 506 kilos de cloratita y 30 de titadine sólo alcanza su justa medida cuando los expertos traducen su explosión en un cráter de 35 metros cuadrados, la destrucción de los edificios en sesenta metros a la redonda y efectos letales hasta más de un kilómetro de distancia. ETA se habría colocado en el centro de la campaña electoral, la cual habría quedado fatalmente ensangrentada (una campaña electoral que la excluye en gran medida). Por fortuna, no ha sido así y las fuerzas encargadas de la seguridad del Estado han logrado atajar semejante salvajada. Giuseppe Mazzini, uno de los forjadores de la unidad italiana, víctima de largos destierros, nos dejó escrito que el terror, erigido en sistema, «es una prueba de debilidad». Así nos lo hacen ver también nuestros políticos, que hablan de una ETA debilitada y a punto de derrumbarse, una ETA sin futuro. Pero nadie descarta sus cruentos zarpazos en pleno estertor. Los zarpazos de una organización que todavía quiere abrir a bombazos un camino de salida. La condena de nuestros representantes políticos ha sido clara y contundente, como tantas otras veces. Los candidatos de los dos principales partidos, PP y PSOE, han coincidido en defender el pacto antiterrorista, con una lucha contra ETA fundamentada en la acción de las fuerzas de seguridad del Estado. En esto parece no haber equívocos. Sin embargo el peligro continúa. ETA se ha empeñado en protagonizar esta campaña. ¿Qué hacer, además de lo que ya se hace? John Stuart Mill lo dijo con claridad en pleno siglo XIX: «No existe una mejor prueba del progreso de la civilización que la del progreso de la cooperación». Si nuestras fuerzas políticas no olvidan esto y colaboran con la lealtad debida, la esperanza tendrá los mejores avales.