La navaja barbera

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

29 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

GRACIAS a la campaña electoral, acabo de enterarme de que Paco Vázquez se afeita con navaja barbera. Como buen conservador que es, al alcalde de A Coruña no le gustan las maquinillas de cuatro hojas y con forma de bólido, y por eso se para delante del espejo cada mañana para rasurarse a la vieja usanza. Y en esas estaba, según propia confesión, cuando empezó a comparar la visión que tiene de sí mismo con la caricatura que le hacen sus adversarios políticos: ¿se me ha puesto cara de antiespañol y separatista? ¿seré miembro del club de los 17 Trinunales Supremos y las 17 Agencias Tributarias? ¿qué queda en mí de aquel hombre al que Aznar le dio una medalla, la reina de Inglaterra un pergamino y los ciudadanos de A Coruña cuatro mayorías absolutas?. Tiene razón Francisco Vázquez al sentirse injustamente tratado por quienes, haciendo una burda instrumentación del caso Carod-Rovira, le meten a él y a sus correligionarios en el saco de los enemigos de España. Y hace muy bien en denunciar a los que, haciendo un peligroso sorites, son capaces de meter en ETA al patriota más pintado: «Si los etarras son asesinos -¡ayer mismo lo intentaron otra vez!-, también lo son los que fueron a hablar con ellos (Carod-Rovira), y los que pactan con los que fueron a hablar con ellos (Pasqual Maragall), y los que conviven políticamente con los que pactan con los que fueron a hablar con ellos (ZP), y los que son candidatos al Senado en una lista pactada con los que pactaron con los que fueron a Perpiñán a hablar con ETA (Paco Vázquez)». ¡Así no se puede seguir!. Y por eso hay que estar de acuerdo en que ese discurso de campaña es algo más grave que una simple estupidez, ya que juega a ganar votos a costa de los valores más sagrados de la democracia. Claro que, al tiempo de apoyar a Vázquez, también me gustaría que él hiciese memoria de las muchas veces que usó ese discurso contra Arzalluz e Ibarretxe, de las repetidas ocasiones en que asimiló al BNG con Batasuna y ETA, y de las diversas formas en las que contribuyó al terrible sorites que dejó a la sociedad vasca dividida en los de ETA y los de Aznar. Porque su situación objetiva (sentarse en el Senado con ERC) no es mejor que aquellas otras que él criticó con profunda injusticia y falta de respeto, y porque no se puede hacer la democracia con el embudo: cuando me toca a mi pido respeto, y cuando le toca a otro le despellejo. Lo que le pasa a Paco Vázquez es que ve la paja en el ojo de la ministra García-Valdecasas y no ve la viga en su propio ojo. Y por eso me gustaría que junto a su protesta, a la que yo me adhiero, llegase también su examen de conciencia. Porque nunca es tarde para hacer justicia.