CUANDO se habla de drogas, lo primero que se nos viene a la cabeza son los daños que estas sustancias provocan en la salud de los individuos que las consumen. Por eso, para perseguir el comercio ilícito de estas sustancias, el Código Penal tiene tipificado el delito contra la Salud Pública. El informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes presentado ayer en Viena pone de manifiesto otros efectos no menos perniciosos que escapan al control individual: En distintos países africanos, especialmente en zonas afectadas por el hambre, se está registrando una alarmante sustitución de cultivos agrícolas por los de cánnabis, porque son más rentables. En países como Costa de Marfil, Liberia y República Centroafricana, el dinero procedente de las drogas sirve para avivar las guerras y conflictos regionales. Amplias zonas de la Amazonía se están deforestando para cultivar coca. Son algunos efectos colaterales de los que se habla menos.